¿Qué haremos con la esperanza?
YOANI SÁNCHEZ, La Habana | 02/02/2015
"Toda frustración es hija de un exceso de expectativas", le compartí
preocupada a los congresistas estadounidenses que visitaron Cuba en
enero pasado. La frase iba encaminada a hacerles notar el caudal de
ilusiones que se ha destapado en la población a partir del 17 de
diciembre. El anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y
Estados Unidos ha provocado el resurgir en este país de un sentimiento
perdido por décadas: la esperanza.
Sin embargo, las expectativas que se han creado son tan elevadas y
difíciles de cumplir que a corto plazo muchos podrían sentirse
desengañados. No hay forma de que la realidad logre satisfacer tan
desmesuradas fantasías de cambio. El grado de deterioro que vive Cuba
necesita de enormes recursos y urgentes transformaciones para ser
superado. El tiempo apremia, pero el Gobierno cubano aún no ha mostrado
una verdadera voluntad política para que el nuevo escenario beneficie a
un amplio espectro de la sociedad cubana.
Con posterioridad al 17D, cada cual ha ido enfocando las aspiraciones
hacia el terreno de sus intereses y necesidades. Un viejo maquinista de
locomotoras, que vio desarmarse el ferrocarril del que con gran orgullo
hablaba, ahora asegura "tú vas a ver... vamos a tener hasta un tren
bala". Si se le pregunta de dónde saca tanta convicción, asegura que
"cuando empiecen a llegar los yumas habrá que mejorar el transporte y de
seguro nos llueven inversiones para mejorar las líneas y comprar vagones
de última generación". Sus sueños tienen la forma de un serpiente de
hierro, brillante y veloz que cruza la isla.
Hay otros cuyas ilusiones toman la levedad de un kilobyte. Un joven de
veinte años, que sólo conoce Internet por algunas horas de conexión en
las lentas y caras salas de navegación del servicio Nauta, afirma que
antes de fin de año "tendremos servicio de datos en nuestros teléfonos
móviles". Su certeza no nace de ninguna información clasificada a la que
haya tenido acceso, sino porque, según explica, "ya Obama lo dijo, que
las empresas de telecomunicaciones podrían negociar con Cuba, así que lo
que falta para que yo esté conectado a Facebook y Skype todo el día, es
nada... nada".
La gran obsesión nacional, que es la comida, también ha tenido un
espacio dentro de las ensoñaciones de las últimas semanas. Un ama de
casa que se autodefine como "cansada de tener que cocinar lo mismo,
porque no hay más nada", ha proyectado sus ilusiones hacia la llegada de
mercancía desde el norte. "Volverán algunos productos perdidos y las
tiendas no estarán con los congeladores vacíos como ahora". Sus
perspectivas son directas y claras, tienen el sabor perdido de la carne
de res, la textura del aceite y el olor de una cebolla dorándose en la
sartén.
Los pequeños empresarios privados no se quedan atrás. Para el dueño de
un lujoso paladar en el Vedado, las esperanzas llevan los contornos de
un ferri que conecta La Habana con la Florida. "Eso va a ser pronto y
entonces podremos traer carros, grandes importaciones y alimentos
frescos para nuestro menú", explica con una convicción que provoca
cierta congoja desmentir. Da la impresión de que un salón completo, con
copas, botellas de vino y lámparas de luz tenue, cruzará las aguas para
llegar hasta el nuevo local que está construyendo a un costado de su
restaurante.
Mientras las expectativas crecen como un globo a punto de estallar,
otros contribuyen a ellas con proyecciones en el campo artístico y
creativo. Un amigo, productor privado de cine, cree que en breve
"Hollywood podría estar filmando aquí y el talento cinematográfico
cubano tendrá por fin los recursos para hacer grandes producciones".
Para este artista del celuloide, "lo que falta es un tilín así para que
autoricen las productoras independientes y podamos tener inversiones
desde Estados Unidos".
En la disidencia y la sociedad civil no pocos se aprestan para poder
legalizar sus grupos o partidos a la menor oportunidad. Son, entre los
esperanzados, los más cautelosos pues saben que el grifo de las
libertades políticas será el último en abrirse... si es que se abre.
Proyectan su propia transición de la fase "ilegal, clandestina y
heroica" a la etapa de una oposición "legal, pública e inteligente".
Tampoco hay que descontar que las ilusiones hayan alcanzado a la
academia cubana, los centros de estudio y otras instituciones oficiales,
donde habrá gente desempolvando su vieja idea de saltar al ruedo de la
política en cuanto el monopartidismo sea un mal recuerdo del pasado.
Todas esas esperanzas, nacidas el día de San Lázaro y alimentadas con
las visitas de congresistas y negociadores estadounidense a Cuba,
constituyen hoy un arma de doble filo para el Gobierno de la Isla. Por
un lado, la existencia de tales ilusiones le permite ganar tiempo y
colocar la línea del horizonte al final de un largo proceso de
conversaciones entre ambas administraciones, que podría prolongarse por
años. Pero, también, el desengaño derivado del incumplimiento o
postergación de tales sueños se dirigirá directamente hacia la Plaza de
la Revolución.
No será contra Obama que caiga la rabia por lo no logrado, sino contra
Raúl Castro. Él lo sabe y en las últimas semanas sus voceros han hecho
énfasis en recortar las perspectivas que recorren las calles de todo el
país. Tratan de adelantar que todo seguirá más o menos igual y que no
hay que hacerse demasiadas expectativas. Pero no hay nada más difícil de
contrarrestar que los sueños. La carga simbólica que tiene el comienzo
del "deshielo" entre David y Goliat, no puede aminorarse con llamados a
la calma ni discursos enérgicos que apuntan hacia un frenazo en las
negociaciones.
Cuando pasen los meses y "el tren bala" no llegue, la Internet siga
siendo un imposible, los congeladores de las tiendas se mantengan tan
desabastecidos como ahora, las normas aduaneras sigan impidiendo la
importación comercial en manos privadas, el Instituto Cubano de Arte e
Industria Cinematográficos (ICAIC) mantenga el monopolio sobre la
producción de películas y ser miembro de un partido opositor provoque
aún la represión oficial y la estigmatización ideológica..., cuando la
burbuja de los sueños explote y el exceso de expectativas traiga la
frustración colectiva, ¿qué pasará? Quizás de ahí será de donde nazca la
energía necesaria para empujar el cambio.
Source: ¿Qué haremos con la esperanza? -
http://www.14ymedio.com/blogs/generacion_y/haremos-esperanza_7_1718298154.html
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