Friday, February 6, 2015

Miedo, el demonio del equipo Cuba

Miedo, el demonio del equipo Cuba
VÍCTOR ARIEL GONZÁLEZ, La Habana | 05/02/2015

"Demasiada presión", han dicho quienes saben de béisbol y hasta otros
que no dominan tanto la materia. Pero en cualquier país extrañaría que
los aficionados no exijan a su equipo, o que la prensa local no
reflejara ese deseo. Es lo que le da vida a cualquier competencia, la
rivalidad. Y si el mundo entero funciona así, ¿entonces dónde está la
supuesta presión adicional sobre los cubanos?

Este miércoles ha sucedido lo predecible. No tanto el resultado de
nuestros inseguros vegueros contra Puerto Rico como el hecho de que dos
jugadores de la selección nacional, Dainer Moreira y Vladimir Gutiérrez,
decidieran abandonar su uniforme en tierras donde funciona la "asesina"
Ley de Ajuste Cubano. El dúo de desertores ya no volverá atrás porque
acaban de librarse, precisamente, del exceso de presión que pesa sobre
todo el conjunto que ahora prescindirá de su servicios.

Que los suyos sean los nombres añadidos a la lista de "traidores" –como
los llama el oficialismo–, no significa que haya parado el flujo de
cubanos que cada año abandonan la "honrosa causa" de jugar "por la
bandera y la Revolución". Ni siquiera significa que mañana mismo no
decida quedarse otro pelotero más. No se sabe a ciencia cierta quién,
además de Moreira o Gutiérrez, estén deshojando ahora mismo la margarita
del asilo político.

Este mismo análisis es el que hace el staff de comisarios políticos que
presumiblemente acompaña a nuestra selección de béisbol. Y lo que podría
estar cocinándose en los vestidores. Allí, la desconfianza hacia el
compañero, la sospecha de si será un delator o no, se suma a las
presiones normales que sufren los cubanos como jugadores. Esos son los
demonios con que siguen enfrentándose quienes han demostrado, al menos
hasta el momento, ser más "patriotas".

No se sabe a ciencia cierta quién, además de Moreira o Gutiérrez, estén
deshojando ahora mismo la margarita del asilo político
Jugar, para Cuba implica mucho más que dar un espectáculo deportivo
donde gane el mejor. Desde que el Estado monopolizó todo lo demás, en el
país nada se sale de su monorriel ideológico. Y, aparte del compromiso
de complacer a los fanáticos, protagonizar un reportaje triunfalista, o
estar a la altura de la competencia, varios peloteros cubanos se han
estado debatiendo en la disyuntiva de huir. No lo dicen del todo mal las
autoridades: la presión es, realmente, demasiada.

La ausencia de dos miembros en el equipo es resultado de una guerra
interna, más fuerte que el propio torneo de béisbol, que cada atleta
debe librar. No debe ser fácil dejar atrás una familia y un mundo
conocido. Pero resulta muy difícil, por otra parte, evitar la curiosidad
que despierta lo que es nuevo. Y es aún más tentador para aquel jugador
que se sabe con un puesto seguro en los equipos de mayor nivel del
mundo, o al menos donde su carrera le dé la vida que en su tierra le
está prohibida si da el salto.

Entre los asistentes al actual torneo regional, quienes sean un poco
observadores ya habrán notado también que, luego de tanta política
ligada al pasatiempo nacional durante décadas, el profesionalismo
comienza a volver por sus fueros en nuestro béisbol. A cualquiera del
seleccionado cubano podría ocurrírsele, ante este horizonte, tomar
iniciativa propia. Después de todo, eso que llaman "patria" da más penas
que glorias.

Los vegueros pinareños en esta Serie del Caribe se deben enfrentar a
todos estos desafíos simultáneos. Cada turno que consumen al bate, donde
tienen que decidirse a hacer swing en fracciones de segundo, puede ser
al mismo tiempo la oportunidad que ya no volverá. Y como integrar la
selección nacional –muy parecida al Pinar del Río que juegó anoche en
San Juan– pasa por un filtro ideológico donde cuentan hasta las miradas
de complicidad o los comentarios incorrectos, sería comprensible un
temor generalizado: "¿y si no me llaman para el próximo equipo Cuba?".

Uno de los elementos más importantes para darle a la bola, y por
consiguiente hacer carreras, es la concentración. Con tantos enemigos a
combatir –los reales y los internos–, el rendimiento deportivo baja. Tal
vez así se explique el pobre resultado de los cubanos frente a México o
Dominicana en la Serie del Caribe.

Ahora con dos hombres menos, a Puerto Rico sólo pudieron vencerlo a
duras penas, y Venezuela no será más suave que ninguno de los otros.
Pero si el miedo ha conseguido que en Cuba se dé el extraño caso de una
dictadura de 56 años, quién sabe si gracias a eso mismo ocurre el
milagro de nuestros peloteros regresando con el triunfo. O quién sabe si
con más de dos jugadores en la lista de quienes lograron vencer sus
propios miedos.

Source: Miedo, el demonio del equipo Cuba -
http://www.14ymedio.com/blogs/a_pie_y_descalzos/Miedo-demonio-equipo-Cuba_7_1720097974.html

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