Wednesday, February 4, 2015

Gritos en la Isla de los mudos

Gritos en la Isla de los mudos
En Cuba, los micrófonos solo se encienden cuando hablan los Castro. El
pueblo está harto de que no se le escuche
miércoles, febrero 4, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba. -Hace apenas unas semanas el tema más importante en las
conversaciones de algunos cubanos era la esperanza de un mejoramiento de
las condiciones de vida ante la posibilidad de normalizarse las
relaciones con los Estados Unidos. Terminada la primera fase del
acercamiento diplomático y después de escuchar las palabras de Raúl
Castro en la cumbre de la CELAC, en Costa Rica, las reacciones de
numerosas personas en las calles de Cuba han pasado a ser de total
decepción e incluso de abierto disgusto.

Mientras tanto, las declaraciones de Obama sobre los verdaderos
objetivos de su cambio de política hacia Cuba y su compromiso con la
libertad del pueblo cubano han ganado la simpatía de amplios sectores de
la sociedad. Para ocultar tales reacciones, en los noticiarios
televisivos así como en los periódicos oficialistas no han abundado los
reportajes de opinión popular sobre el asunto, e incluso, a diferencia
con los medios de prensa extranjeros, las dos jornadas de conversaciones
no fueron el titular principal.

En diálogo privado con una periodista de la televisión cubana, que nos
ha pedido no revelar su identidad, pudimos conocer que por orden del
Partido se prohibió entrevistar a personas en las calles acerca de las
conversaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Los pocos reportajes que
fueron exhibidos se limitaron a mostrar las opiniones de unas pocas
personas de "confiabilidad política" y dos o tres estudiantes
universitarios vinculados a la Unión de Jóvenes Comunistas, no obstante,
las grabaciones fueron rigurosamente pesquisadas antes de su proyección
en los medios.

Muchos reportajes, a pesar de solo mostrar las opiniones favorables al
gobierno, no alcanzaron a ser televisados solo porque los entrevistados
no hablaban dentro de los márgenes y términos tolerados o las preguntas
indagaban más allá de lo permitido por la censura.

Conscientes de las verdaderas razones del regocijo popular, para nada
vinculado al respaldo de las posturas oficialistas, los días del diálogo
EE.UU.-Cuba estuvieron caracterizados por un reforzamiento de la
vigilancia policial, sobre todo en las zonas de la capital ―como la
calle G en el Vedado o la Habana Vieja― donde, en los últimos tiempos,
las expresiones de oposición al gobierno han ido abandonando su carácter
tradicionalmente agazapado para alcanzar expresiones desafiantes tanto
en grafitis como en las letras de cientos de reguetones callejeros.

En algunos barrios marginales de La Habana se efectuaron verdaderos
despliegues policiales, sobre todo por las noches y en lugares donde se
reúnen los jóvenes ya no solo a escuchar música sino a expresar, dentro
del círculo de amigos, sus inconformidades, desacuerdos y afinidades
políticas. Muchas discotecas donde se han dado casos de manifestaciones
abiertas contra el gobierno o a favor de los Estados Unidos aún
permanecen cerradas, como es el caso de la del Reparto Eléctrico.

Tito, un joven que se identifica como "reguetonero" y que frecuentaba
ese centro nocturno en Arroyo Naranjo, especula sobre las causas que
probablemente influyeron en su cierre:

"Ahí pudo haber pasado de todo pero la cerraron durante esos días [se
refiere a las jornadas de conversaciones entre Estados Unidos y Cuba].
Pasaron los bailables para el parqueo y prohibieron el reguetón. Solo se
puede poner la música mala esa que nadie oye pero no hay donde ir y la
gente se queda aquí. Si vas para otro lugar es lo mismo. Hay policías
por todos lados. Te paran por cualquier cosa. […] Hace unos días querían
llevarse a un par de chamacos porque estaban cantando algo en contra de
esto y alguien los chivateó. No pasó nada pero aquí los 'chivas'
[delatores] están que hacen olas. Ellos no quieren que se les arme un
lio mientras los americanos estén aquí. Saben que la gente quiere irse
para el yanqui y que esto es una mierda. […] Ya no es como antes, ahora
hay una pila de chamacos con canciones que echan humo y se paran donde
quiera a cantar. Yo no tengo miedo".

El descontento ha invadido incluso a personas que hasta hace apenas unos
días daban su voto de confianza al gobierno cubano. "Raúl quiere
construir el socialismo pero con dinero de los yanquis", "Siempre
encontrarán un pretexto para mantener todo como está" o "la felicidad en
casa del pobre dura poco", son algunas de las frases que cualquiera
puede escuchar por estos días, referidas a la hipocresía y la testarudez
que han caracterizado a los gobernantes cubanos durante más de medio siglo.

"La retahíla de condiciones que Raúl Castro quiere imponer a los Estados
Unidos ha transformado el diálogo en una especie de negociación frente a
un secuestro masivo donde los deseos de los cubanos, en su eterno papel
de rehenes, no son tenidos en cuenta", me escribe en un correo un joven
amigo, profesor universitario, que, como muchos otros hombres y mujeres
de su edad, vieron en las conversaciones con los Estados Unidos una
pequeña señal de cambio verdadero.

Juan Carlos Recio, un amigo poeta que actualmente reside en los Estados
Unidos y que debió abandonar Cuba por razones políticas, ha publicado en
su muro de Facebook una frase que pudiera definir las verdaderas
intenciones del gobierno cubano cada vez que comienza a hablar de
"transformaciones" y "rediseños": "En Cuba todo cambia para que todo
siga igual".

Source: Gritos en la Isla de los mudos | Cubanet -
http://www.cubanet.org/destacados/gritos-en-la-isla-de-los-mudos/

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