OSCAR PEÑA: Fidel Castro y nosotros
02/02/2015 2:00 PM 02/02/2015 7:58 PM
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Si el propósito de Fidel Castro era quedar marcado en la historia, lo
logró, pero –lamentablemente para sus nacionales– no de manera
completamente beneficiosa y ejemplar. Se trata del cubano más enfermo de
ambición de poder, ego, protagonismo y obstinación que se conozca; no
solo vendió ilusiones, sueños y falsas esperanzas a sus compatriotas,
también trascendió las fronteras del país con sus danzas políticas y
espectáculos de hipnotización.
Si nos preguntamos ¿cuál es en la historia de Cuba el gobernante que más
derechos civiles y libertades prohibió a su pueblo? ¿Cuál tuvo a sus
adversarios hasta 30 años presos y a otros fusiló? ¿Quién hizo pasar
necesidades alimenticias y económicas al pueblo con un bloqueo nacional?
¿Quién llevó a la muerte a miles de cubanos a guerras ajenas a otros
países solo para resaltar su figura? No es difícil concluir que es Fidel
Castro.
El puede estar en los récords Guinness como el gobernante que más tiempo
estuvo en el poder sin hacer plebiscitos, elecciones, ni consultas.
Desde joven planificó y provocó que Estados Unidos –grande y poderoso
país vecino– fuera su enemigo para llamar la atención de un David contra
Goliat. Era su estrategia permanente para resaltar. Si estuviera en
funciones hoy ya hubiera inventado algún motivo para bombardear los
pasos en las buenas relaciones que están renaciendo con Estados Unidos.
Su rol fue dañino para Cuba. Antes de él no éramos un país perfecto
–ninguno lo es– pero su etapa ha sido el más lamentable accidente de la
nación cubana. Cuba era uno de los pocos países de nuestro hemisferio
que no necesitaba una revolución extremista. Existían problemas, pero se
podían solucionar sin hacer tanto daño humano, económico, político y
social al país. En estos 56 años –con excepción de establecer la
atención de la salud pública y la educación en todos los rincones del
país– Cuba ha retrocedido. Hizo de Cuba el pueblo de América Latina
menos nacionalista y apegado a su patria. De un país pequeño, dos
millones o más se han ido y todavía hoy otra cantidad superior lo quiere
hacer, y los que se quedan viven en la apatía. El legado de Fidel Castro
es negativo.
Más de tres generaciones cubanas se han desgastado inútilmente en
sacrificios, sueños rotos, y hasta la vida entregaron pensando que
estaban construyendo un paraíso en la tierra. Sin embargo, tanto nadar
para ir llegando hoy a la misma orilla, pero con el país arruinado y las
familias divididas. Cuanto no desearíamos fuera todo lo contrario. Solo
un irresponsable y una persona de malos sentimientos desearían tanta
frustración de su casa nacional, pero no se puede mentir. El saldo es de
ceros. Tan intransigente, opresor y dominante fue que hasta su propio
hermano, el sucesor Raúl Castro, ha sobresalido algo por encima de él y
lo ha eclipsado con el poco de oxígeno que está dando hoy.
En el análisis de la vida de Fidel Castro no se pueden omitir verdades.
El pueblo cubano no está exento de culpas. Por inocencia, ignorancia o
miedo él tuvo un enorme apoyo. Existe una parte considerable de cubanos
que no tienen conciencia de ello, o se niegan a admitirlo, pero este más
de medio siglo también es una mancha en el expediente de los cubanos de
la isla y radicados en el exterior que no se puede ocultar. Desde la
generación de la década de los años 50 hasta hoy, todas fueron
utilizadas –con sus acciones u omisiones– como escalón y base para que
él fijara su nombre en el Larousse de la historia. Hasta muchos que lo
combatieron lo ayudaron con sus acciones y pareciéndose a él.
Por su edad y mal estado de salud se espera su fallecimiento. El día que
suceda debíamos también enterrar con él nuestras ligerezas como pueblo y
devoción a los caciques. Pido disculpas a sus hijos y familiares por
esta columna, pero a Fidel Castro es muy difícil defenderlo.
Personalmente considero de muy mal gusto celebrar la partida de alguien.
Si el que ha muerto no ha sido una buena persona o ha hecho daño allá
él, pero no se debe descender la escala de valores. Haciendo silencio
ante la muerte de otro ser humano –aun de nuestros adversarios– se
demuestra grandeza de espíritu.
oscarpena_cuba@yahoo.com
Source: OSCAR PEÑA: Fidel Castro y nosotros | El Nuevo Herald El Nuevo
Herald -
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article8947802.html
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