Saturday, October 10, 2015

La derrota total

La derrota total
La represión abierta a disidentes prueba que el castrismo se resiste a
admitir que su tiempo terminó
viernes, octubre 9, 2015 | Manuel Cuesta Morúa

LA HABANA, Cuba.- El poscastrismo tardío, que empieza con el mismo
castrismo, ha sufrido una derrota total. Podemos analizarla desde varios
ángulos. El modo defensivo con el que se ha acercado a los Estados
Unidos es uno y demuestra, aún con la arrogancia algo inmadura con la
que se proyecta, que no tiene un plan de salida a su propia situación.

Un caricaturista lo refleja bien en una magnífica plumilla: un podio a
la orilla del mar mirando al norte; un revolucionario parado en él, de
frente, arengando al vacío, mientras el podio comienza a resquebrajarse
ante la sola presencia de una ola tsunámica con la inscripción 'USA'
que, sin tocar tierra, muestra la fuerza con la que penetrará y
desbordará el archipiélago.

Este mismo escenario lo había descrito con dolor, pesar y cansancio un
viejo fidelista vecino el pasado 14 de agosto. Dijo entonces: "por fin
el imperialismo puso su bandera en La Habana"; una manera de responder
con una nota de depresión revolucionaria tanto a la ausencia de proyecto
como a la irrelevancia social y política de toda la memorabilia
antiimperialista.

Pero el ángulo de la derrota en el que quiero concentrarme es en el de
la represión; ese recurso supremo de la impotencia. La represión puntual
de la disensión no es una seña de derrota, sino de ajuste. Es corregir
las salidas de tono, la voz que grita en el silencio del templo ante el
asombro de los feligreses, o la ruptura de las reglas aceptadas y
respetadas por todos; incluso, esta corrección puntual se da a veces el
lujo de romper las reglas aceptadas y respetadas, como hacen todos los
servicios secretos del mundo, sin que ello implique una derrota,
justamente por su uso estrictamente puntual.

Sin embargo la represión sistemática por encima de las propias leyes, es
decir la conversión de las prácticas de los servicios secretos en las
prácticas públicas del poder contra los ciudadanos es el símbolo de una
derrota histórica que se resiste a admitir que simplemente su tiempo
terminó. Esto es, la realidad tal cual es no pasa todavía a formar
parte de la conciencia psicológica de los dueños de las pistolas, las
cárceles, los tribunales y la fuerza, lo que los lleva a comportarse
como forajidos, en el sentido técnico de fueras de la ley, sin problemas
de conciencia social y política respecto de su propia estructura
jurídica. Las prácticas vivas y documentadas de las Brigadas de
Respuesta Rápida, organizadas y con guión, es una de esas acciones
ilegales con las que el régimen y todos los ciudadanos que en ellas
participan indican que la ley solo existe, y si puede ser interpretada,
contra los que consideran sus enemigos. Y pocos se escandalizan.

Esta derrota de la represión represiva es más evidente ahora, después
del 17 de diciembre, porque reprime sin pretextos. Si la uniteralidad
de Obama ha tenido un sentido claro es la de dejar el mensaje de que el
único enemigo del gobierno cubano es el propio gobierno cubano. Y este
enemigo es intangible porque se llama pavor. Pavor a poner en práctica
su propia ley de inversión extranjera, pavor a la comunicación abierta y
a que se deshagan los hechos de sus propias denuncias históricas.

Y sobre todo pavor a la sociedad civil que no controla. Este miedo tiene
una expresión patética y una resolución perversa que muchos represores
viven casi con elegancia y dignidad. De pretender durante medio siglo la
dominación completa del pensamiento individual, las autoridades se
rinden ante la tonta y costosa pretensión de representación total de la
verdad social y comienzan a manejarse con el discurso de que ellas no
tienen problemas con el respeto al pensamiento ajeno, de que una prueba
de su tolerancia es justamente que no les importa cómo piensan los
opositores; es más, que promueven y debaten entre ellos los distintos
puntos de vista porque reconocen que el pensar es libre.

Pero el reconocimiento de esta derrota pedagógica se queda a mitad de
camino. Y si la vieja pretensión mostraba un desconocimiento de la
cultura cubana, el intento de reprimir las consecuencias del pensamiento
libre que dicen reconocer y respetar demuestra un desconocimiento de la
unidad psicológica del ser humano: la acción específica a los seres
humanos comienza en su cabeza, no en sus impulsos. Por esa razón las
ideas tienen consecuencias, como la tuvo la idea de una revolución que
ha supuesto el desastre de todo un proyecto de país y de nación históricos.

Resulta preocupante que la inteligencia de los servicios de inteligencia
cubanos no esté guiada por la inteligencia política y por las viejas y
recientes adquisiciones de las ciencias psicológicas.

Como indicaba Maquiavelo, los regímenes que pretenden durar solo pueden
reprimir de un modo abierto, casi descarado y rompiendo toda
legitimidad, al principio que se establecen y durante un corto tiempo.
Para perdurar están obligados a establecerse sobre la legitimidad y el
consenso, de lo contrario estos regímenes fracasan con el paso de las
propias generaciones que le dan origen.

Perder legitimidad y credibilidad, tal y como sucede aceleradamente con
cada revelación de las riquezas y los lujos de la élite; quebrantar el
consenso social por la incapacidad para satisfacer las necesidades y
expectativas de la gente; debilitar la narrativa sobre la que se edificó
la llamada Revolución por todos los pasos que niegan su curso, sus
discursos y sus textos fundacionales; vaciar las prácticas del gobierno
por su divorcio con las leyes y la Constitución, y otras cosas bien
feas, no se compensan ni con la audacia presumida de pretender que un
régimen como el cubano tiene, a la altura de 56 años ininterrumpidos,
capacidad ética para hacer un juicio moral sobre el resto de la gente,
―esto es realmente risible― ni con la represión ilegítima y vivida como
natural contra quienes, en toda lógica y coherencia, extraen
consecuencias legítimas de sus propias ideas.

El terror blando contra personas, comunidades y familias que se instaura
por toda Cuba; la detención prolongada e ilegal, como es costumbre, de
activistas como el artista Danilo Maldonado; el uso tramposo de la ley
común para juzgar hechos de naturaleza política, como en el caso de Los
Tres del Papa, miembros de la UNPACU; el ataque inmisericorde a las
Damas de Blanco y a la campaña #TodosMarchamos; el registro y detención
al periodista y abogado Roberto Quiñones; la ridícula e ineficaz
vigilancia de las ideas en la frontera; la persecución por todo el
Oriente de jóvenes de la Mesa de Diálogo Juvenil; y el registro y
detención domiciliaria del activista de la UNPACU Arcelio R. Molina,
conocido como Shelly, no son signos de que el régimen está ganando una
pelea asimétrica, sino la seña contumaz de un gobierno débil, cogido en
su propia Trampa 22 de la que no tiene manera de salir airoso.

Solo cabe esperar que el régimen no empiece a matar gente como el
siguiente paso en la política de reformas.

Source: La derrota total | Cubanet -
https://www.cubanet.org/opiniones/la-derrota-total/

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