Friday, October 9, 2015

Crónica del arresto de un hombre libre

Crónica del arresto de un hombre libre
No me muestran la orden de detención. Mi madre me suplica que vaya, la
abrazo y salgo con ellos rumbo a la estación policial
jueves, octubre 8, 2015 | Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba.- Cinco y treinta y cinco de la mañana del lunes 5 de
octubre de 2015. Me levanto, voy al baño, me cepillo, pongo la cafetera
en la hornilla eléctrica. El día parece igual a muchos otros hasta que
unos golpes intempestivos en la puerta me indican que puedo estar
equivocado.

Abro. Un grupo de miembros del Ministerio del Interior (MININT) está en
el portal de mi vivienda. Entre policías y vestidos de civil se cuentan
19 personas, sin incluir las que permanecen en zonas aledañas, y en las
que también hay miembros de las tropas especiales, según sabré después.

Un joven militar que se presenta como el capitán Gamboa me informa que
vienen a realizar un registro. Le pido la orden y él la muestra a
distancia. Trato de leerla pero la retira rápidamente. No obstante
alcancé a ver que el objetivo es ocupar objetos relacionados con mi
'actividad subversiva'. Así llaman a mi labor como periodista independiente.

En mi cuarto ocupan mi agenda personal y algunos libros, un teléfono
celular roto y otro en uso, una cámara fotográfica Canon que no he usado
porque le falta el cable USB y una laptop que me envió un hermano
residente en los Estados Unidos. En mi cuarto de trabajo ocupan una
computadora personal de mesa, propiedad de la Iglesia Católica de
Guantánamo, a la que mi esposa, su sobrino y yo le decimos "el tractor"
debido a sus años de uso.

Requisan también una veintena de CD, cuatro memorias flash -entre ellas
la de mi madre, que contiene varios programas de "Caso cerrado" y
decenas de capítulos de una novela mexicana-, un disco con música de
Compay Segundo y otro de jazz, un número de la revista Encuentro de la
Cultura Cubana y otro de Convivencia, revista que dirige en Pinar del
Río Dagoberto Valdés. Se unen a la lista de 'objetos subversivos' 700
dólares que he ido ahorrando para reparar mi casa.

A las once y media de la mañana terminan. Entonces descubro que la orden
de registro no está firmada por ningún fiscal, pero ya es demasiado
tarde, cometí el error de dejarlos entrar.

Llega el Obispo de la diócesis, Monseñor Wilfredo Pino Estévez y
presencia el momento en que le pido al capitán Eyder que me muestre la
orden de detención. Me responde que si quiero una orden de detención
puede hacerla en el momento. Protesto. Mi madre, una mujer de 77 años se
pone nerviosa. El oficial dice que si le pasa algo será mi
responsabilidad. Ella me suplica que vaya, la abrazo y salgo con ellos
rumbo a la estación policial. La calle está llena de mirones.

En la Unidad Provincial de Operaciones del MININT me entregan la ropa de
preso y me asignan el número 777. Le digo al capitán Gamboa que no soy
un número sino un ser humano y que si me llaman por él no responderé.
"Entonces te sacaremos", dice.

En 1999 ya había estado 49 días en una de estas celdas. Compruebo que
nada ha cambiado excepto que ahora una joven enfermera me toma la
presión y hace varias preguntas sobre mi salud. Luego me conducen a la
celda sin agua, las camas de cemento y el hueco para defecar a la vista
de los cuatro reclusos que me reciben.

Llaman para el almuerzo. No voy. Alcanzo a dormir algo. Sobre las cinco
de la tarde un guardia abre la puerta, me mira y dice: "Usted, venga".
Salgo. Me fotografían y toman mis huellas digitales. En el cuarto de
interrogatorios me recibe el capitán Eyder. Me imputa que estoy
publicando noticias donde hay verdades pero también mentiras, que no soy
periodista. Lo mismo me dirán luego el capitán Gamboa y el teniente
coronel Javier. Les respondo que entre 1986 y 1990 publiqué críticas de
cine y artículos culturales en el periódico Venceremos, órgano oficial
del partido comunista en Guantánamo y nadie dijo entonces que no era
periodista, que la historia cultural cubana muestra que cientos de
escritores ejercieron el periodismo.

Me amenazan con otra cárcel y me muestran la denuncia 50 del 2015
mediante la que me acusan como autor de un delito de Difusión de
Noticias Falsas contra la Paz Internacional porque, según ellos, mis
artículos buscan entorpecer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Desconocía que yo era tan importante.

En un momento del interrogatorio me aseguran que no van a devolverme
algunos de los bienes, que eso depende de mi comportamiento y que
gracias a la generosidad de la revolución van a ponerme en libertad.

Cerca de las once de la noche me hacen un Acta de Advertencia que no
firmo porque no me entregan copia. Por la misma razón no firmé el Acta
del Registro ni otros documentos.

Regreso a casa. Llego. Mi madre duerme bajo los efectos de un sedante
pero se despierta. Siento un dolor muy grande cuando me abraza y llora.
Unos instantes después me pregunta: "¿Ya comiste?" y va hacia la cocina.

Llaman mis hijos y mis hermanos que viven en Estados Unidos, por donde
anda de viaje mi esposa. Me informan que conocieron lo ocurrido por las
noticias. Me piden que no siga. Quiero decirles que lo único que me
sostiene es esta libertad, pero callo. Tales confesiones pueden resultar
altisonantes.

Luego todo es silencio. El día acaba como si hubiera cumplido cabalmente
mi rutina.

Source: Crónica del arresto de un hombre libre | Cubanet -
https://www.cubanet.org/destacados/cronica-del-arresto-de-un-hombre-libre/

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