La culpa de todo la tiene el pueblo
La culpa no es, válgame Dios, del gobierno y sus salarios miserables,
que impiden que los trabajadores se sientan identificados con su trabajo
martes, abril 21, 2015 | Iris Lourdes Gómez García
LA HABANA, Cuba. -Hay un dicho popular: Las culpas nunca caen al suelo.
Esto pasa a ser una verdad irrefutable cuando se ponen en evidencia los
problemas nacionales, que en su gran mayoría son causados por el propio
gobierno.
En la televisión transmitieron un reportaje sobre las malas condiciones
de higiene que tiene la ciudad. Se veían papeles de galleticas, pomos y
un largo etcétera por todos lados. También se observaban los latones de
basura desbordados, llenos de moscas y todo tipo de insectos y roedores.
Los culpables, según el periodista: el pueblo de la capital, que es muy
sucio y descuidado. No señaló la falta de papeleras ni de barrenderos;
tampoco la escasez de latones de basura ni la insuficiente recogida de
basura. Para la televisión, si no fuera porque las personas sacan su
basura cuando acaba de pasar el camión, la higiene de la capital no
estaría tan mal.
Después reprodujeron otro reportaje del estado sanitario de ciertas
cafeterías, principalmente en el municipio Centro Habana. Algunas no
tenían agua corriente, ni fregadero, ni área azulejeada donde elaborar
los alimentos. El reportero aludía a los cientos de licencias se
retiraron a igual número de cuentapropistas. Parece que esas personas en
realidad eran descuidadas o sucias. No se pregunta cómo, si no contaban
con las condiciones higiénicas, les dieron la licencia en primer lugar.
En otras noticias reportaron sobre vecinos capitalinos que han
construido casas de varios pisos sin tener en cuenta la planificación
física. Violaron flagrantemente lo establecido: se apoderaron de parte
de una acera, y los transeúntes deben caminar por la calle. Tal vez lo
hicieron por desconocimiento o sin mala intención, pero la realidad es
que cuando estaban las obras en construcción —lo que en el caso de Cuba
puede significar varios años—, no vino ningún inspector a informar lo
incorrecto de la ejecución o a imponer alguna multa.
En otro reportaje sobre los teléfonos públicos, se mostraban varios de
estos aparatos, inservibles. A uno le robaron el manófono, a otro le
hicieron un hueco, otro estaba trabado desde hace años. Aunque los
equipos están en una avenida, no hubo policía ni vecino que viera el
momento del vandalismo. Tampoco los que pasan periódicamente recogiendo
las monedas se han dado cuenta del tiempo que llevan rotos. Si no fuera
por los vecinos irresponsables, ladrones y saboteadores, sería más fácil
efectuar llamadas.
La cereza del pastel fue la reseña sobre el aprovechamiento de la
jornada laboral. Durante las 8 horas de trabajo, los trabajadores
siempre resuelven sus problemas personales como pagar la luz, el agua,
comprar algo en la tienda, solucionar asuntos de la escuela del niño, ir
a la reunión de padres, conseguir entradas para el teatro. Algunos se
escapan un rato para ver una película en el Festival de Cine, otros van
"un momento" a la Feria de Artesanía. Los que pueden, navegan en
Internet o administran sus correos personales; por suerte, muy pocos
mantienen acceso a Facebook o Revolico.
Todos miran películas, series y programas musicales durante la jornada
de trabajo. Por esa causa el país no produce, por la vagancia de sus
ciudadanos, la falta de exigencia de cada centro de trabajo. No es que
los trabajadores estén apáticos porque lo que cobran no les alcanza, no
ya para vivir, sino ni siquiera para ir tirando durante una semana. No
es que los que dirigen (que además también tienen los mismos problemas
que los subordinados), no tengan moral para exigir una entrega con
devoción por parte de los asalariados.
La culpa de todo la tiene el pueblo, que es aprovechado, sucio, vago,
irresponsable, ladrón, saboteador, que desconoce todo tipo de leyes y
es, además, malintencionado. Insisto: no es la mala gestión del
gobierno, la falta de recursos para arreglar las calles, el otorgamiento
de licencias sin respaldo sanitario, la ausencia de inspectores y de
vigilantes que se dediquen a detectar con honradez lo mal hecho para
reparar las malas conductas a tiempo. Tampoco los salarios miserables
que impiden que los trabajadores se sientan identificados con su trabajo.
La culpa de todo no es del gobierno. La culpa de todo la tiene el cubano.
Source: La culpa de todo la tiene el pueblo | Cubanet -
http://www.cubanet.org/mas-noticias/la-culpa-de-todo-la-tiene-el-pueblo/
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