De la separación, el silencio y otros demonios
[21-04-2015 12:14:51]
Steve Maikel Pardo Valdes
(www.miscelaneasdecuba.net).- El pasado viernes 17 de Abril se
cumplieron cuatro meses del anuncio del re establecimiento de las
relaciones Cuba – Estados Unidos. El 19 de abril se celebraron los
comicios primarios para las elecciones a candidatos de la Asamblea del
Poder Popular en todo el territorio nacional, donde asistieron a las
urnas más de 8 millones de votantes según cifras dadas por un porta voz
de la Comisión Electoral Nacional, coincidiendo, por cierto de manera
tan casual, con la efemérides de este mes de Abril pero del año 1961, el
aniversario 54 de victoria de Playa Girón, donde la intolerancia y la
incomprensión llevó a que nos matáramos entre nosotros, y que tanto las
madres de acá como las de allá vertieran sus lágrimas sin entender la
razón de tanto derramamiento de sangre y odios o de qué lado se hallaba
la justicia. No hay dudas, que los ideólogos de la maquinaria mediática
de la Revolución aún hacen lo suyo.
Pero, insisto en ello, se manejó la cifra de más de 8 000 000 de
votantes que se presentaron a las urnas, si tenemos en consideración que
la actual población de Cuba ronda los 12 000 000 de habitantes, y
descontamos entonces a los niños y adolescentes, luego los enfermos
mentales y discapacitados así como la vasta población penal, entre otros
ciudadanos cubanos residentes en la Isla y que legalmente no se les esté
permitido ejercer el derecho al sufragio.
Pienso que si tuviésemos acceso a las estadísticas reales, ¿aún nos
encontraríamos ante unas elecciones que superan en exitosa y masiva
asistencia a la realizada en cualquier nación que se rija por los
principios del civismo y la democracia, y aun más increíble,
asistiríamos aun al fenómeno de hallarnos ante una abrumadora mayoría
que secunda al régimen y acata todo cuanto este disponga?
Esta noche pruebe usted, tal vez de regreso a casa, y por cualquier
calle de la Isla notara que no ha cambiado nada, la dinámica de vida del
ciudadano medio, la vorágine épica donde lo cotidiano se encuentra a
punto de superarte, la cruda realidad no se ha modificado de modo
tangible, aun cuando las ilusiones siguen a flote, algo por cierto muy
común entre los cubanos de acá, que desde hace mucho vivimos de eso, de
ilusiones y sueños dormidos.
Muchos se hallan tal vez ante una decisión que, no por sorprendente,
deja de ser difícil y trascendental. Unos, los que se hallan
comprometidos hasta los huesos con el régimen y su discurso, como el
caso de aquellos que necesitan de un enemigo perenne que les brinde los
argumentos imprescindibles para justificar su actuar.
Los horrores del pasado y las dádivas recibidas por el gobierno, pero
sobre todo cómo evolucionar para así garantizar su estatus quo. Otros,
los que del otro lado de ese mar donde se han perdido tantos cubanos
inocentes, desean el reencuentro con sus seres queridos, con la tierra
hermosa que los vio nacer. O los que por causa de las profundas heridas
aún abiertas se niegan a la posibilidad del diálogo, los que fueron
obligados a partir y dejarlo todo atrás para comenzar de cero, y les
parece que ya no pueden perdonar.
Sentimientos encontrados: jubilo, indiferencia, inconformidad,
esperanza, escepticismo, cómo darles cabida entre las agendas de trabajo
de las delegaciones diplomáticas y los tejes y manejes de la economía
internacional, los lobbies de poder que tras bambalinas realiza sus
movidas maestras. A veces resulta tan difícil vislumbrar qué quedará
después de abrir la caja de Pandora, cuando tal vez todo lo que se
necesite sea simplemente construir un puente para que los primos corran
a abrazarse, como dice aquella canción de Arjona.
Claro que luego de los tantos años, separaciones, silencios y otros
demonios nada puede ser tan simple. Creer que el camino que nos queda
por andar es sencillo sería pecar de ingenuos. Pero quedarnos de brazos
cruzados es peor, sería recaer nuevamente ante el síndrome del pichón,
esa criatura que espera que todo le caiga del cielo y a lo que muchos
bochornosamente nos adaptamos a conveniencia, con la ausencia total de
voluntades y compromiso.
Ya lo decía una amiga: la ironía del cubano consiste en que si nos vamos
de Cuba abandonamos a nuestra familia y amigos y con ello, la
posibilidad de hacer algo desde adentro para modificar positivamente
esta realidad de todos.
Pero entonces si elegimos quedarnos, somos fácilmente tildados de
carneros en el mejor de los casos, o de que con nuestro actuar
colaboramos y somos culpables de todo lo que aquí ocurre, que formamos
parte de ello y lo peor, que a los ojos de muchos, apoyamos este
fenómeno que nos separa. Entonces qué hacer con tanto odio con tanto
amor y expectativas acumuladas.
Dos eventos se han sucedido ya, el del día 17 de Diciembre, que para
muchos constituye un antes y un después en la historiografía político
social de la Isla. Algo así como un parte aguas en la memoria colectiva
de nuestros pueblos hermanos.
Y el más reciente, la VI Cumbre de Las Américas y el circo que se
permitió montar, o le permitieron montar, la delegación oficialista
enviada por el Gobierno Cubano en el Evento Paralelo donde asistiría la
Sociedad Civil Independiente.
Todo ello demuestra que, primeramente todos apuestan de una forma u otra
por el cambio, la versatilidad y la evolución ante la inmovilidad que no
conduce a nada. Luego, que a pesar de los pasos que se puedan estar
dando, ninguno de ellos, me refiero a los miembros de la sacro santa
cúpula gubernamental cubana, están dispuestos a entregar el control
político ni el económico a alguien ajeno a su círculo de influencias o
que disienta de sus intereses.
Eso debe quedarnos bien claro. No nos llamemos a engaño, continúan
administrando el país cual si de una de sus fincas se tratase, donde
solo se hace lo que el mayoral dispone, y aunque con el tiempo el cepo y
el látigo se han ido solapando, la humillación de ser esclavo nos
continúa envileciendo.
Tomemos la experiencia, la delegación gubernamental orquesta un ridículo
mitin de repudio al estilo años 80, golpean y humillan a los opositores
miembros de la verdadera sociedad civil cubana en medio de un evento
internacional en tierra panameña con total impunidad y haciendo alarde
de una falta total de ética, respeto y diplomacia.
Tanto temía entonces el Gobierno a lo que se pudiesen exponer o
desprender de estos diálogos, tanto le preocupa en realidad lo que
podamos hacer como sociedad civil organizada y reconocida ante los ojos
de los pueblos de América, el mundo y sobre todo ante los ojos de los
cubanos que viven dentro de la Isla y que aún, de una manera u otra
tienen puesta la venda en los ojos, que aún no se han abierto a la
realidad y al compromiso de lograr para sus hijos de una Cuba
Independiente y Democrática, integrada a la región y la posibilidad de
una vida decorosa.
Recuerden que en política toda imagen que se lleva ante los medios
contiene un mensaje subliminal. El discurso del general presidente,
cómodamente sentado desde su oficina personal, el decorado sobrio pero
soberbio, la marcada ausencia de las icónicas fotografías omnipresentes
de Fidel o del Che u otra alusión a los tiempos acérrimos del comunismo
entre otros detalles.
El cambio en el discurso para con el Gobierno Norteamericano. Incluso la
introducción de nuevos términos en los medios gubernamentales de
difusión masiva dentro de Cuba, como sociedad civil, oposición política,
prensa independiente y derechos humanos.
Hasta llegar en la tarde de ayer en medio del proceso electoral a
reconocer que, la oposición política al proceso revolucionario en la
isla, es decir, que al menos están reconociendo que existe algún sector
poblacional que no está de acuerdo o no se halla identificado con las
políticas que implementa el Gobierno, y que estos grupos opositores
además hacen uso de la crítica para señalar las diferencias que existen
entre los tipos de democracia, representativa o directa, para atacar al
régimen.
Claro está que el comentario se realizó como de costumbre de forma
peyorativa y mostrando dramáticas imágenes de archivo cuando en el
pasado las urnas eran custodiadas por guardias rurales y los candidatos
impunemente manipulaban el resultado de las elecciones.
Olvidando tal vez que para esa época lamentablemente eso era costumbre
no solo en Cuba sino en toda Latino América. Entonces prolija en
concebir tiranos y dictaduras militares. En estas comparaciones siempre
se empeñan en mostrar a Cuba como la peor de todas.
Conociendo de antemano que quedan muy pocos referentes dispuestos a
desmentirles y que las nuevas generaciones hemos crecido sin poseer nexo
alguno con aquellos hombres y mujeres que dieron luz a la República
aquel 20 de Mayo de 1902 y luego concibieron la Constitución de 1940.
Cabe mencionar a hombres como Eduardo Chivás que antepusieron su
vergüenza contra el dinero, como José Antonio Echevarría y todos
aquellos que recibieron el espaldarazo del fracaso del 13 de marzo de
1956, los que fueron fusilados sumariamente en la Sierra y lo serían
después en los fosos de La Cabaña.
También hombres como Camilo Cienfuegos y Huber Matos que sacrificaron
todo por su patria. Cómo creer entonces que el pueblo secunda todos los
desmanes y atropellos, que le ríe la gracia a cada escándalo que
provocan los hijos de "papa" al filtrarse fotos subidas de tono en algún
coto de caza o desayunando cual millonarios, cuando le exigen a su
pueblo sacrificio y altruismo.
Cómo creer que se respeta y cultiva la democracia en Cuba cuando son
golpeadas mujeres indefensas en plena vía pública por masas de esbirros
disfrazados de pueblo, por el simple hecho de poseer el coraje de exigir
los más elementales derechos del ser humano y atreverse a denunciar las
condiciones que sufren los que aún se encuentran en el no reconocido
presidio político de la Isla.
Es cierto que no podemos vivir en el pasado, pero tampoco podemos
olvidar a aquellos que con su sudor y su sangre forjaron lo que tenemos
hoy, nosotros los cubanos de acá y los de allá, hermanos todos, debemos
fijarnos el compromiso ineludible de tomar las riendas del destino de
nuestra nación, agradecidos de aquellos hermanos de otros pueblos que
contribuyen de una manera u otra a nuestra causa, pero conscientes de
que el problema que hoy aqueja a la Casa Cuba es nuestro y que solo está
en nuestras manos el solucionarlo.
Hay que sumar ideas sin exclusiones de ningún tipo, con tolerancia y
respeto, fomentando el dialogo diáfano y la utilidad de la virtud. Como
dijera aquel congresista cubano a las puertas del Capitolio Nacional
ante tantas discordias e intereses encontrados: Los partidos fuera, La
Patria adentro.
Source: De la separación, el silencio y otros demonios - Misceláneas de
Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/5536231b3a682e0060baf18e#.VTaGQCGqqko
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