Tuesday, April 21, 2015

Cuba sí, yanquis sí

Cuba sí, yanquis sí
El encuentro entre Castro y Obama quita el cerrojo a las puertas del futuro
SERGIO RAMÍREZ 20 ABR 2015 - 13:34 CEST

A estas alturas es ya un lugar común repetir que el encuentro entre
Barak Obama y Raúl Castro durante la Cumbre de las Américas en Panamá
representa un hito histórico. Por supuesto que lo es, y tiene
consecuencias para todo el continente, porque cambia la naturaleza de
las relaciones entre América Latina y Estados Unidos, dándoles un nuevo
tono.

Si el entendimiento entre los dos países sigue progresando, hay dos
fantasmas que parecen destinados a regresar a sus tumbas, y son el
antiimperialismo y el anticomunismo, aunque la extrema derecha del Tea
Party en Estados Unidos, y los adalides del socialismo del siglo XXI
entre nosotros, van a agitar esos fantasmas mientras puedan darles
réditos políticos.

La frase bien meditada de Raúl Castro exculpando a Obama de las
agresiones imperialistas del pasado, y dándole la calificación de
"hombre honesto" encuentra un complemento adecuado en otra del propio
Obama, cuando dijo: "Nuestras naciones deben liberarse de los viejos
argumentos, debemos compartir la responsabilidad del futuro. Este cambio
es un punto de inflexión para toda la región".

Es un acercamiento que promete; pero para que pueda volverse
irreversible, será necesario que algunos de los pasos previstos se den a
lo inmediato, como son el de que Estados Unidos ponga a Cuba fuera de la
lista de países terroristas, petición que Obama ya ha cursado al
Congreso, y que se establezcan las plenas relaciones diplomáticas. Esto
abriría el camino para que las restricciones del bloqueo económico
puedan seguir siendo aliviadas, y el sucesor de Obama en la Casa Blanca
se encuentre con una situación de no retorno, si es que ese sucesor
viene de las filas republicanas más radicales.

El argumento de quienes adversan este entendimiento en marcha es que el
Gobierno de Cuba pone muy poco de su parte, en cuanto a derechos humanos
y libertades democráticas, mientras todas las concesiones vienen a ser
hechas por Estados Unidos. Sin embargo, cuando se habla de derechos
humanos y libertades civiles en Cuba, no se trata de meras concesiones,
sino de asuntos que conciernen a la naturaleza del sistema político: el
poder de un solo partido, el control de la sociedad civil, y el
monopolio de los medios de comunicación. Aquí es donde Raúl Castro se ha
mostrado intransigente al afirmar que Cuba no cambiará su sistema, y
entonces todo parece quedar en un punto muerto.

Pero no hay puntos muertos de aquí en adelante. Obama, que se acerca al
fin de su último mandato, y quiere que su apertura con Cuba sea parte
visible de su legado presidencial, tiene al otro lado de la mesa de
negociaciones a un líder histórico de la revolución cubana que pasa ya
de los ochenta años, y que ha anunciado él mismo que no buscará un nuevo
período a la cabeza del régimen. Raúl Castro representa una generación
que se despide. Por tanto, en Cuba habrá necesariamente un relevo
generacional, con dirigentes que ya nada tendrán que ver con la familia
Castro. Si estos nuevos dirigentes se atendrán a la ortodoxia política,
y se aferrarán a la idea del partido único, es algo que está por verse.

Seguramente todo está siendo minuciosamente planeado para que los
actores del relevo no se aparten de la línea tradicional, y sigan
tolerando la apertura económica, pero no la apertura política. Pero la
historia ha demostrado reiteradamente que el futuro no puede ser dictado
para que se cumpla al pie de la letra. Una vez que una generación
desaparece, ni desde la tumba ni desde el lecho de muerte se pueden
controlar los acontecimientos del mañana, que no dependen de una
voluntad conservada en formol, sino de un sinfín de elementos que chocan
y se entrecruzan: nuevas concepciones del mundo, nuevas necesidades,
nuevas realidades, cambios abruptos del entorno: la vieja dialéctica que
vuelve siempre por sus fueros.

El cambio generacional se vuelve determinante para derribar barreras,
dejando la intransigencia para los viejos, y esto tendrá que ver también
con los cubanos de dentro y de fuera. Los jóvenes nunca quieren el
pasado entregado en bandeja, para que se repita de manera incesante.
Tienen su propia idea de futuro, que desborda el corsé ideológico, sobre
todo en un país como Cuba, donde han demostrado creatividad en tantos
sentidos, empezando por el artístico, y sin duda el económico, como
emprendedores, desde que se autorizó el funcionamiento de pequeños
negocios, y han aprendido a moverse en aguas antaño prohibidas, las de
la iniciativa privada.

Por otro lado está la cercanía geográfica, que ha jugado un papel
esencial, aunque no pocas veces negativo, en la historia moderna de
Cuba. Si nos acordamos bien, señalar que Cuba y Estados Unidos se
encuentran a una distancia de apenas 90 millas el uno del otro se volvió
recurrente durante la Guerra Fría en el discurso de las dos partes. Hoy,
al levantarse las barreras, esa cercanía tendrá sin duda un signo positivo.

Por eso ese encuentro de Panamá entre los gobernantes de dos países
largamente enfrentados es histórico, porque ha quitado el cerrojo a las
puertas del futuro, que será sin duda novedoso.

Sergio Ramírez es escritor.

Source: Obama: Cuba sí, yanquis sí | Opinión | EL PAÍS -
http://elpais.com/elpais/2015/04/20/opinion/1429529698_496849.html?ref=rss&format=simple&link=link

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