Monday, June 17, 2013

Embargo, o no? ¿Polémica o reyerta?

¿Embargo, o no? ¿Polémica o reyerta?
Domingo, Junio 16, 2013 | Por Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org -Un análisis que realizara
recientemente el destacado sociólogo cubano Haroldo Dilla ("Aquién habla
la oposición cubana?") Cubaencuentro, 3 de junio de 2013) ha sido motivo
de disgusto en algunos corrillos opositores al interior de Cuba.

Las razones para esto se mueven en un diapasón cuyas variaciones solo
radican en el tono de quienes discrepan con este académico, desde las
críticas y reproches iracundos hasta acusaciones tan graves –y
lamentablemente tan frecuentes y pueriles– como aquella de "agente de la
seguridad del Estado", lo que no hace más que confirmar una perniciosa
epidemia de falta de creatividad en nuestros debates.

Casi cada sujeto que ha tenido la osadía de cuestionarse los criterios o
posicionamientos de algún líder de la oposición ha sido inmediatamente
etiquetado como agente al servicio del gobierno cubano o, más
bondadosamente, como un elemento divisor de ese imaginariamente compacto
bloque que sería la disidencia.

Más allá de las tendencias políticas de cualquier color, Haroldo Dilla
es un profundo conocedor de la realidad cubana y uno de sus mejores
analistas, de modo que se puede estar de acuerdo o no con su opinión,
pero innegablemente en este caso Dilla cuenta con dos importantes
elementos a su favor que siempre deben figurar en todo análisis serio:
el respeto por los méritos de aquellos que menciona en su artículo y los
fundamentos en los que basa su opinión personal.

Yo añadiría un elemento adicional, y es el valor que supone criticar
públicamente, conociendo con antelación que siempre saldrá alguna mala
parodia de brigada de respuesta rápida, cargada de emociones y escasa de
razonamiento, a lapidar al atrevido que no se hinque de rodillas,
humildísimo, ante el altar de aquellos que algunos reverencian desde hoy
como los futuros dioses insulares, tan semejantes (¡Dios nos libre!) a
las deidades verde olivo del Olimpo castrista. Los dioses, ya se sabe,
jamás se equivocan, y no deben ser juzgados por los simples mortales.
Dilla es un simple mortal.

El centro de la disputa se basa en el controvertido embargo
estadounidense contra el gobierno cubano y en la aprobación o crítica
del mismo, tema que se ha colocado como un parteaguas que entre los
grupos más radicales parece determinar el grado de legitimidad de
quienes son contrarios al gobierno de la Isla, y ha establecido una
línea divisoria entre los que se pronuncian a favor del embargo (los
"duros", los más auténticos) como medio para asfixiar a un gobierno que
ha logrado superar exitosamente medio siglo de dicho "castigo", y los
que consideran el embargo como una política obsoleta e ineficaz (los
"dialogueros", los "blandos") que no solo ha servido de pretexto y
trinchera a la política beligerante castrista, a la justificación de las
carencias y a la represión en la Isla, sino que –por añadidura–, limita
los derechos de los propios ciudadanos estadounidenses.

En lo personal, siempre me he manifestado contraria al embargo, que
hasta hoy no ha logrado los objetivos para los que fue concebido. No
obstante, entiendo que el levantamiento inmediato e incondicional de
éste podría no ser la estrategia más adecuada para el logro de avances
positivos hacia la democratización de Cuba. Una medida tan dilatada en
el tiempo requiere de la aplicación de condicionamientos y pasos
debidamente calculados para su derogación.

Eso, además de que las razones para el establecimiento de dicha ley, a
saber, la expropiación de empresas estadounidenses en territorio cubano
sin la debida indemnización, se mantienen actualmente, lo que impone un
escenario previo de conversaciones, compromisos y pactos que deberán ser
analizados por las partes implicadas. Me atrevería a afirmar que en el
presente existen las condiciones para el inicio de un proceso de
diálogo, habida cuenta del colosal fracaso del experimento "comunista"
en Cuba, el creciente descontento al interior del país y la utilidad de
transitar un camino de negociaciones tras un largo período de
crispaciones con un elevado costo, fundamentalmente para los cubanos
comunes de una y otra orilla. De hecho, muchas de las condiciones del
embargo se han venido flexibilizando en los últimos años, lo cual está
restando legitimidad al discurso dictatorial.

No obstante, así como el embargo no determinó el desplome del sistema
totalitario cubano, tampoco su derogación significará la eternización de
la dictadura o, como aseguran algunos, la prolongación del poder
castrista por 30 ó 40 años más, como si los Castro tuviesen alguna
posibilidad de semejante prórroga biológica.

Lo que no logro entender es cómo algunos opositores proponen la
prolongación de la confrontación Cuba-EEUU como recurso para derrocar a
la dictadura, a pesar de que el embargo es rechazado por amplios
sectores de la población cubana e incluso por muchos estadounidenses.
Precisamente por ello, pedir al gobierno de Estados Unidos la dilación
infinita de dicha política no solo afectaría a la oposición en la
opinión de los cubanos de la Isla sino que constituye una flagrante
injerencia en los asuntos legales que afectan las libertades de los
ciudadanos de ese país. Hay quienes reclaman el sostenimiento del
embargo como un medio para el logro de las libertades en Cuba aunque
ello supone la vulneración de los derechos de otros, y plantean
exigencias al gobierno estadounidense como si el destino de Cuba se
decidiera en Washington. Mal anda entre ellos la autoestima y peor
valoran la capacidad política de los cubanos para superar la coyuntura
actual mediante programas y propuestas propios.

No obstante, me permito cuestionarme un punto que plantea Dilla en su
artículo cuando asume que "el sentimiento nacionalista cubano es un
capital político crucial". Desearía equivocarme, pero creo que ese
sentimiento ha estado sufriendo dentro de la Isla una significativa
merma en las últimas dos décadas. El desgaste de medio siglo de un
"nacionalismo forzoso" atizado artificialmente desde la ideología del
poder, la imposibilidad de los cubanos de tomar parte en las decisiones
o de elegir opciones, la ausencia de derechos, el deterioro moral, la
desesperanza y las carencias insolubles, entre otros muchos elementos,
han traído como resultado un rechazo espontáneo a lo que antes fueron
los elevados valores nacionalistas en la población.

Este fenómeno se ha extendido con mayor acento en las generaciones más
jóvenes, digamos los nacidos desde finales de la década de los 80' y en
particular desde los años 90', aunque tampoco es privativo de ellas. Con
frecuencia he escuchado decir a muchos cubanos: "Mi Patria es desayuno,
almuerzo y comida y mi sueño vivir en la Yuma".

El desarraigo, unido al éxodo permanente que hace crecer de manera
ininterrumpida y constante el número de cubanos residentes en el
extranjero –en especial en los Estados Unidos–, así como la falta de
expectativas en Cuba, inciden de manera importante en el actual déficit
de nacionalismo, de forma tal que podría asegurarse que transcurridos 54
años desde la llegada al poder del gobierno más popular que haya tenido
este país, su marca política más decisiva ha sido precisamente la
asfixia del sentimiento nacionalista y –tal como analizara alguna vez el
profesor Enrique Patterson, del Instituto de Estudios Cubanos, Florida–
el mayor acercamiento que hayamos tenido nunca al cumplimiento de las
aspiraciones anexionistas de algunos sectores del exilio… Y del
"insilio", agregaría yo. No son precisamente mis aspiraciones políticas,
ni creo sean las del profesor de referencia o las de Dilla, pero sin
dudas forman parte de una realidad ineludible con la que habrá que
convivir en los escenarios futuros de la Isla.

En cuestiones de opinión política es axiomático que no se puede
complacer a todos, como lo demuestra el encono con que algunos
reaccionaron ante el artículo de Haroldo Dilla. En lo personal, hubiese
deseado encontrar en los "ofendidos" al menos tantos fundamentos como en
el texto del académico, en particular tratándose de un tema tan esencial
para los cubanos como el de las relaciones Cuba-USA, que incluye por
fuerza el embargo estadounidense. Yo privilegio las polémicas sobre las
reyertas porque estas últimas no apuntan jamás a soluciones.

Una vez más, el futuro a mediano plazo se encargará de esclarecer de qué
lado está la razón. Ojalá para entonces haya políticos que no solo
comprendan que en una democracia estarán sometidos al severo escrutinio
de la opinión pública, sino que sepan escuchar las críticas como la
mejor manera de optimizar sus propuestas y cumplir con mayor capacidad
la función de servicio a que los obligará su condición.

Source: "¿Embargo, o no? ¿Polémica o reyerta? | Cubanet" -
http://www.cubanet.org/?p=44128

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