…y el castrismo se vistió de gala
Alberto Lauro
Madrid 09-04-2011 - 9:50 am.
La Princesa Napoleón asiste a la reapertura, y Raúl Castro regala al
Museo un reloj de oro perteneciente al emperador francés. La antigua
colección del barón y empresario Julio Lobo, confiscada tras la
revolución, vuelve a abrirse al público.
Las autoridades de La Habana ya no tienen límites. Lo mismo reciben con
honores al venezolano Hugo Chávez que a la nobleza europea. Incluso le
han dedicado un jardín a la infaustamente desaparecida Lady Diana
Spencer, que nunca visitó Cuba: estrategia de Eusebio Leal, Historiador
de la Ciudad, para atraer a empresarios británicos.
En el Museo de la Ciudad, Leal hizo un trono para el rey de España, que
allí permanece solitario, y él afirma que está desde los tiempos de la
colonia. Lo cierto es que el Rey Juan Carlos se negó a sentarse en dicho
trono durante su visita a Cuba. Y la Reina Sofía, más práctica, prefirió
ir a cenar al famoso paladar donde se filmó la película Fresa y Chocolate.
Esta vez la visitante ha sido Alix de Foresta, Princesa Napoleón, viuda
de Luis Marie Bonaparte, Príncipe Napoleón, descendiente del rey Jérôme,
hermano menor de Napoleón Bonaparte. ¿El motivo? La reinauguración del
Museo Napoleónico de La Habana, uno de los cinco más importantes en su
especialidad en el mundo. El diario Granma dio la noticia el pasado 29
de marzo. La princesa fue recibida por autoridades del Gobierno al más
alto nivel.
Raúl Castro regala un reloj de Napoleón
La colección napoleónica presente hoy en La Habana fue un capricho
convertido en vocación del multimillonario de la sacarocracia cubana
Julio Lobo. Al final de su vida, su hija, también amante de la historia,
visitó numerosas veces La Habana, siendo recibida por Eusebio Leal.
Aficionada y autodidacta, Leal le designó un séquito de guías y
ayudantes que la orientaron en sus investigaciones, entre los que yo
estaba. Fue atendida personalmente por Celia Sánchez Manduley,
secretaria de Fidel Castro, y hasta el mismo Castro tuvo a bien recibirle.
La restauración del edificio y la concepción museística innovada del
recinto actual ha estado a cargo de la Oficina del Museo del Historiador
de La Habana, es decir, del omnipresente y ubicuo Eusebio Leal, que lo
mismo es Caballero de la muy católica y religiosa Orden de Malta, que
funge como miembro del ateo Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Hay un dato curioso. El actual presidente de Cuba, Raúl Castro, ha
donado un reloj de bolsillo de oro de Napoleón Bonaparte, que era de su
propiedad y que ha cedido "voluntariamente" al Museo para esta ocasión.
Pero, ¿cuándo y dónde Raúl Castro obtuvo una pieza de valor semejante?
¿Acaso de la herencia que le dejara su padre, el gallego Ángel Castro,
entre los bienes de la finca de Birán, en Holguín? Es más que dudosa la
pesquisa que puede hacerse de cómo llegó reloj napoleónico a su bolsillo.
Sabido es que los altos dirigentes cubanos ocuparon mansiones que
dejaron la aristocracia y la burguesía al salir del país, huyendo del
comunismo. Y que muchos de esos bienes (palacios, cuadros, joyas) se
hallan en posesión de estos nuevos ricos, casi todos de la actual casta
militar.
El legado de Julio Lobo
El barón Julio Lobo, quien abandonó la Isla en 1959, tras el triunfo de
la revolución, había comprado su título nobiliario. Era un hombre rico y
culto, amante de todo lo que se relacionara con la revolución francesa y
con Napoleón Bonaparte. En sus inicios, compraba compulsivamente, por
intuición. Luego fue asesorado por especialistas para escoger,
autenticados previamente, esculturas, grabados, pinturas y libros en
subastas en Londres, Nueva York, San Petersburgo y París.
Lobo, llamado "El Rey del Azúcar", fue un extraordinario bibliófilo.
Algunas de las personas que tuvieron contacto con él dan testimonio de
ello, entre las que pueden citarse a Audrey Mancebo, Zoila Lapique, Olga
Vega y Victoria Ryan Lobo, una de sus nietas. La madre de Julio Lobo,
Virginia, perteneció a una familia venezolana, católica y rica: los
Olavarría. Su padre, Heriberto Lobo, descendiente de judíos asentados en
Curazao, fue un notable empresario también venezolano, destinado en Cuba
como administrador de la North American Trust Company.
Julio Lobo nació en Caracas el 30 de octubre de 1898. Se graduó de
ingeniero agrónomo en la Universidad de Columbia y estudió también en la
de Louisiana. Su origen judío lo corrobora Alejo Carpentier en su novela
La consagración de la primavera, cuando se refiere a las fastuosas
fiestas que daba, a la que él asistía en compañía de su esposa, también
muy rica —Lilia Esteban—, y donde se reunían empresarios de la Isla,
comerciantes de varias partes del mundo, escritores, artistas,
científicos y estrellas de Hollywood.
Lobo se interesaba por todos aquellos que tuvieran como él gustos
exóticos o fueran personajes nada comunes, como El Caballero de París,
al que le regalaba indumentarias de época. Y se contaban de él
excentricidades, como la de haber cruzado a nado el río Mississippi,
pues era excelente deportista.
Llegó a ser el más importante hacendado cubano, con grandes posesiones
de tierras distribuidas en todo el país: Pinar del Río, La Habana,
Matanzas, Las Villas y Oriente. Fue propietario único del mayor número
de centrales e ingenios. Pero su fortuna provenía también de algunas de
las muchas sociedades de su padre, como la Galbán, Lobo y Cía.,
establecida con dos hermanos canarios que eran naturales de Guía de Gran
Canaria: Luis y Eugenio Suárez Galbán. En 1901, Luis Suárez Galbán
organizó el Banco Nacional de Cuba.
Por su actividad frenética e incesante, Julio Lobo fue uno, por no decir
el más importante de los principales vendedores de azúcar en el mercado
mundial. Además de comerciante, fue banquero en la década del 50, e
inversionista de éxito en la Bolsa de Nueva York. No sólo fue el más
notable empresario de Cuba sino el coleccionista más sofisticado del
país, al decir del historiador Manuel Moreno Fraginals.
Inicialmente compraba piezas, objetos y libros por su cuenta. Esto fue
creando un volumen que ya no cupo en su casa de Miramar y trasladó su
colección a la mansión que poseía en 11 y 4, en el Vedado. Deseó ponerla
al servicio del pueblo cubano, y por ello necesitó clasificarla.
La biblioteca napoleónica de Julio Lobo
La biblioteca napoleónica de Julio Lobo como tal comenzó a organizarse
en el año 1954. Contó, entre otras personas eruditas, con la asesoría de
María Teresa Freyre de Andrade, amiga personal suya y luego directora de
la Biblioteca Nacional José Martí entre 1959 y 1967.
Freyre de Andrade se había formado como bibliotecaria en La Sorbonne.
Había clasificado la biblioteca del Lyceum Lawn Tennis Club. Lobo le
confió la suya, y para ello tuvo como colaboradoras a Audrey Mancebo,
Miriam Tous, Ana María Bru, Cecilia Goitizolo, Kety Quijano, Martha
Souza, Matilde Aisenstein y Graciela Cancio.
En 1957 María Teresa se marchó exiliada a París, debido a su vínculo con
los asaltantes al Palacio Presidencial, y Audrey Mancebo ocupó su lugar
hasta 1959, en que la colección, por orden gubernamental, fue
dispersada. (Lo mismo sucedió con la biblioteca de la familia Ichaso, la
de Márquez Sterling, Emilio Roig de Leuchsenring, Oscar B. Cintas,
Evelio Govantes, Lydia Cabrera, María Luisa Gómez Mena y tantas más a lo
largo y ancho de la Isla. Una verdadera satrapía.)
La biblioteca de Julio Lobo estaba compuesta por biografías,
manuscritos, láminas, hemeroteca de periódicos y revistas,
correspondencia, atlas, monografías, diccionarios, partituras, diarios
de campañas, fotos y documentos oficiales. Josy Muller, conservador de
los Museos de Arte e Historia de Bélgica y especialista en los temas
napoleónicos, fue invitado por Lobo a Cuba. Con su ayuda se hizo un
catálogo que fue enviado a la Imprenta Úcar y García, con prólogo de
Julio Lobo y prefacio de Josy Muller. Contaba con 2.321 registros de
1.356 autores. Estaba previsto que fuera una impresión de lujo.
Al salir Lobo al exilio en 1959, el libro quedó sin editarse. Todos sus
bienes fueron confiscados. Un año antes, las piezas que tenía en
almacenes de Nueva York, fueron traídas desacertadamente por él a La
Habana, sin sospechar lo que el destino le deparaba. Hasta ese momento,
la biblioteca era para uso exclusivo de su dueño. Si algún especialista
deseaba consultarla, como lo hizo muchas veces Benigno Souza o Fernando
Ortiz, le llevaban los documentos y eran recogidos por custodios. Sólo
Audrey Mancebo estaba autorizada a entrar al recinto.
Los exlibris de la biblioteca eran un sello de la Fundación
Lobo-Olavarría y otro de la Biblioteca Julio Lobo. Muchas de las piezas
eran identificables por la N napoleónica. Unos pocos documentos fueron
sacados a través de la Embajada de Francia en 1959, cantidad
insignificante comparada con el inmenso volumen decomisado.
En 1976, María Luisa Lobo, hija del magnate, con la colaboración de
Celia Sánchez Manduley, donó al Estado cubano una parte ínfima de su
legado personal, lo que constituyó un escándalo familiar. Por entonces
ella estaba enfrascada en hacer un libro: La Habana, historia y
arquitectura de una ciudad romántica. En los años ochenta hizo
incontables viajes a Cuba, donde era tratada como una celebridad. De
hecho, el libro, prologado por Hugh Thomas, contó con una decena de
especialistas, entre los que sobresalen Zoila Lapique y Alicia García
Santana.
Otros documentos sacados del país se encuentran en posesión de
familiares de los Lobo, en Miami. María Luisa falleció en esa ciudad a
los 63 años, en 1998. Puesto que a la hija del magnate sólo le
interesaba la parte "romántica" de La Habana, y no las ruinas que la
devastan, no tuvo contrariedades con las autoridades en la Isla. Su
padre falleció en Madrid en 1983, a los 84 años, y está enterrado en una
cripta de la Catedral de Nuestra Señora de La Almudena, en
agradecimiento de las autoridades eclesiásticas de España por las
importantes donaciones monetarias para la edificación de ese templo.
Lobo había sido fundador en Madrid del Centro Cubano y, durante la
Guerra Civil, donó a Franco un millón de dólares.
Se afirma que la mayor parte de la colección de Julio Lobo (unas 7.000
piezas según unos y según otros unas 8.000) se encuentra desde el año
1961 en el Museo Napoleónico de La Habana, situado en San Miguel y
Ronda, antigua residencia del político de origen italiano Orestes
Ferrara. Ferrara, nacido en Nápoles y quien llegó a ser Coronel en la
guerra contra España, ocupó puestos relevantes en la República, al igual
que Lobo, fue erudito y autor de más de cuarenta títulos. La mansión de
Ferrara, construida por los arquitectos Govantes y Cabarrocas e
inspirada en palacios florentinos, contenía un recinto forrado en
maderas preciosas de cien metros cuadrados para una biblioteca de 5.000
volúmenes.
Otro grueso de la colección de la biblioteca de Julio Lobo fue
dispersada en los fondos de la Biblioteca Nacional y sólo dos estudiosas
se han ocupado del tema en un trabajo de grado universitario: Sulema
Rodríguez y Zoia Rivera.
En La Habana se sabe que la entonces Directora del Consejo Nacional de
Patrimonio Cultural y acérrima enemiga de Eusebio Leal, Marta Arjona,
con la componenda del diplomático francés Antoine Anvil, esquilmó la
biblioteca de Julio Lobo, permitiendo que instituciones francesas
adquirieran documentos y objetos de la misma. Esto se intensificó en los
años 90.
En 2005 fue mundial el escándalo de la denuncia interpuesta por la
familia Fanjul a Sotheby's de New York por la subasta del cuadro de su
propiedad Puerto de Málaga de Sorolla. Castro ha regalado bienes del
Patrimonio Cubano cada vez que se le antoja. ¿Dos ejemplos? Una
histórica vajilla de Sévres a Madame Danielle Mitterrand y una colección
de relojes de la familia Gómez-Mena al deportista argentino Maradona.
Otra famosa casa de subastas —Christie's— ha vendido piezas provenientes
de Cuba. El gobierno cubano se vale de ello a través de terceras
personas o entidades extranjeras. La Fundación Cubano Americana, en un
estudio de finales de los años noventa, detectó 900 piezas vendidas por
ambas casas, provenientes del Patrimonio cubano y con el consentimiento
de las autoridades, entre orfebrerías, pinturas, manuscritos y piezas de
arte, incluyendo muebles.
'Granma' agradece a la Princesa Napoleón
"Agradezco a todos los que lucharon por mantener vivo este museo", dijo
la Princesa Napoleón, que no escatimó palabras de elogio para la labor
del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, lo mismo que para el equipo
de restauradores.
Alix de Foresta trajo de París un presente especial como donativo para
acontecimiento tan relevante: muestras de la vajilla de porcelana que el
emperador Napoleón regaló a su hermano Jérôme el día de su boda.
Las piezas más atractivas del Museo Napoleónico son, desde luego, el
reloj de oro que marcó las últimas horas de Napoleón y que trajo consigo
en su viaje a Cuba el médico Francesco Antommarchi (hasta ahora en
propiedad de Raúl Castro) y la mascarilla mortuoria de Napoleón.
Se exhibirá por primera vez una cubertería de plata que fue encontrada
en una pared falsa, oculta allí por sus dueños antes de huir de Cuba, y
hallada en el tercer piso mientras se restauraba el inmueble. El
conjunto está integrado además por pinturas, grabados y esculturas de
Napoleón hechas por personalidades como Robert Lefebre, Fracoise Flameng
y Jean Baptiste Regnault. Entre las otras atracciones destacables están
un catalejo de bronce, cristal y madera; una casaca de los tiempos en
que Napoleón fue Primer Cónsul y un bicornio.
A la colección atesorada por Lobo, se han sumado obras "donadas,
compradas o recuperadas" por el Estado cubano desde un organismo tan
ambiguo como el desaparecido Ministerio de Recuperación de Bienes
Malversados, que fungió como inquisidor de todas las familias pudientes
o no que abandonaron la isla durante décadas, ante el que estuvo el ya
desaparecido Faustino Pérez.
El diario oficial Granma, elogiando esta vez la generosidad de la más
rancia y conservadora realeza europea, informó la distinción que fue
para Cuba tener en la Isla, en la reapertura del museo, a una figura
como Alix de Foresta.
Ni de Lobo ni de Ferrara se habló como ellos merecen durante la
ceremonia de inauguración.
http://www.diariodecuba.com/cultura/4000-y-el-castrismo-se-vistio-de-gala
No comments:
Post a Comment