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Thursday, April 14, 2016

Peleando batallas perdidas de antemano

Peleando batallas perdidas de antemano
¿Resulta imposible aprender de experiencias pasadas?
Eugenio Yáñez, Miami | 14/04/2016 8:49 am

De nuevo Miami se lanza a pelear batallas perdidas desde antes de
comenzar. Como si ya no hubiera perdido suficientes. Lo que pudiera
llamarse el "síndrome del caso Elián".
Ahora son dos escaramuzas simultáneas, cada una menos promisoria que la
otra. Contra un consulado cubano en cualquier lugar del condado
Miami-Dade, aunque existan cientos de miles de cubanos requiriendo
servicios consulares en el sur de Florida, y contra Cruceros Carnival,
por pretender viajes a Cuba sin admitir nacidos en la Isla entre sus
pasajeros.
Respeto totalmente el derecho de quienes estén en contra de un consulado
del régimen en éste o aquel lugar, y de expresar libremente sus
criterios sin temor a represalias. Sin embargo, es difícil entender por
qué esta discusión, cuando se sabe que ubicar consulados extranjeros en
Estados Unidos depende del gobierno federal (Washington, DC) y no de
gobiernos locales o estatales. ¿Por qué entonces esta agria trifulca
entre cubanos?
La manzana de la discordia se trasladó esta vez hasta Miami Beach. El
alcalde de esa ciudad, tras visitar Cuba y conversar con autoridades del
régimen, dijo estar interesado en que su ciudad albergara un eventual
consulado cubano. Y de inmediato comenzaron las percepciones
encontradas, entre los que claman por el dolor de tantos cubanos en el
sur de Florida por lo que ellos mismos o familiares sufrieron en la isla
comunista, y los que dicen que eso debería quedar atrás y que les da
igual un consulado cubano en el sur de Florida que diez o veinte, en
cualquiera de las 34 ciudades del condado Miami-Dade (condado que, por
cierto, tiene en total 35 alcaldes, con sus correspondientes concejales,
jefes de policía, administradores, bomberos, burócratas y parásitos cada
una de ellas, mientras New York, Chicago, Boston, Filadelfia, o Los
Ángeles tienen un alcalde).
Lo curioso es que ni siquiera Miami Beach ha presentado una propuesta
concreta, sino simplemente opiniones del alcalde, pero ya eso generó
gasolina suficiente para incendiar la prensa escrita y programas de
televisión y radio en el sur de Florida, donde cada participante tiene,
naturalmente, una opinión diferente y más radical que el que le haya
precedido. Tan intenso ha sido el choque que, por unos días, las
incidencias de las elecciones primarias de ambos partidos para
seleccionar los candidatos a presidente han quedado relativamente
relegadas a segundo plano.
La otra pelotera tiene que ver con el anuncio de que la compañía de
Cruceros Carnival comenzará viajes a Cuba el próximo primero de mayo,
pero que por disposiciones del régimen nadie nacido en la Isla, aunque
sea ciudadano americano, puede viajar a Cuba en barco, porque según un
arbitrario Decreto-Ley de fines del siglo pasado los nacidos en Cuba no
pueden arribar allá por mar ni navegar sus aguas territoriales sin un
permiso específico para ello. Un problema similar podría presentarse en
el mes de junio si finalmente se autorizan los viajes en ferri entre
Florida y Cuba.
De inmediato comenzaron las protestas. Era de suponer que frente a la
embajada cubana en Washington. Pero no, fueron en Miami contra la
empresa Carnival.
Y vinieron las comparaciones de siempre, preguntando si Carnival hubiera
impedido que personas de raza negra viajaran a la Suráfrica del
apartheid si el gobierno racista de aquel país lo prohibía, o a Israel
si ese país prohibiera a los judíos viajar allá. Y el ejemplo traído por
los pelos: que la compañía de cruceros Royal Norwegian tuvo un caso en
Túnez donde el gobierno de ese país impidió desembarcar a ciudadanos
israelíes que viajaban en un crucero, y finalmente la compañía suspendió
sus escalas en Túnez. Sin embargo, se manosea ese ejemplo sin tener en
cuenta circunstancias diferentes: Túnez no tiene jurisdicción sobre
ciudadanos israelíes ni esa prohibición sustento legal alguno.
No digo que Carnival esté actuando correctamente. Pero decir que hace
negocios para ganar dinero, como si eso no fuera lo que hacen todos los
negocios que en el mundo existen, es un argumento demasiado pobre. Y si
se considera, como es muy probable, que tal medida de Carnival supone
discriminación contra ciudadanos americanos nacidos en Cuba, entonces
las acciones efectivas no serían protestas en las calles o alegatos en
televisión, sino una acusación legalmente fundamentada ante los
tribunales, que para algo vivimos en un país de leyes. Además, abogados
de origen cubano en el sur de Florida hay más que suficientes para
intentarlo, y podría esperarse que muchos de ellos hasta lo hicieran sin
percibir honorarios en un caso tan evidentemente patriótico.
Aparentemente, ya fue presentada una primera demanda contra Carnival.
Otra opción efectiva podría ser un boicot contra Carnival. Y como el
dueño de esa compañía lo es también del equipo de basketball de los
Miami Heats, el boicot podría realizarse a la vez contra la compañía de
cruceros y el equipo de basket, sobre todo ahora que comienzan los
play-offs de la temporada. ¿Se animarán los furiosos a intentarlo?
¿Tendrían poder de convocatoria para conseguirlo?
Sé perfectamente que estos criterios, y el artículo en general, no
resultarán agradables a parte de los lectores, a quienes reconozco su
derecho a opiniones diferentes a las mías y a expresarlas libremente.
Sin embargo, insisto, ni pretendo postularme para un cargo electivo, ni
aspiro a un premio de popularidad en alguno de los sosos programas en la
radiodifusión de Miami. Ni vivo, como otros, preocupado por los
"ratings" de programas en televisión o radio.
Y, afortunadamente, tampoco padezco del "síndrome del caso Elián".

Source: Peleando batallas perdidas de antemano - Artículos - Opinión -
Cuba Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/peleando-batallas-perdidas-de-antemano-325318

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