Sunday, December 13, 2015

La tozuda y morbosa vocación de servilismo de los intelectuales cubanos

La tozuda y morbosa vocación de servilismo de los intelectuales cubanos
ROBERTO MADRIGAL | Cincinnati | 13 Dic 2015 - 4:16 am.

Desde principios de julio la obra teatral El Rey se muere, montada por
Juan Carlos Cremata, fue censurada por las autoridades ideológicas de la
cultura cubana. Poco después, Cremata fue removido de su trabajo como
director de cine y de teatro. Que yo sepa, solamente el escritor y
cineasta Eduardo del Llano en su blog, así como el cineasta y crítico de
cine Enrique Colina alzaron su voz públicamente en defensa de Cremata.
El resto de los cineastas y escritores cubanos hicieron un silencio
cómplice. Como sabemos, el que calla otorga.

No conozco personalmente a Cremata, solamente conozco su obra y algunas
de sus anteriores declaraciones públicas y me parece completamente
prescindible. Ahora bien, una vez que un artista se convierte en el
objeto de la censura, sin importar nuestra opinión sobre su persona o
sobre su obra, merece nuestro más urgente apoyo.

Pero los cineastas cubanos, desde hace casi dos años, están empeñados en
lograr que se decrete una nueva Ley de cine. Quieran más libertad y
apoyo para la creación y distribución independiente del cine cubano. Es
una batalla contradictoria, pues le están pidiendo limosna y
condescendencia al propio censor, al organismo que ha controlado su
destino artístico. Parece que se han acostumbrado a vivir de las migajas
y en vez de pedir la desintegración del ICAIC, ya obsoleto y mero
controlador del quehacer cinematográfico de la Isla, le piden que se
mantenga ahí y que actúe como un papacito bondadoso.

A pesar de que con las nuevas tecnologías se puede hacer cine con bajo
presupuesto, o de forma independiente, y algunos jóvenes lo han
demostrado, los cineastas cubanos quieren oficializar los permisos una
vez más. Maquillar la censura. Desean tener autorización para filmar con
bastante libertad y que el censor les garantice la distribución.

En los últimos meses se nota una creciente preocupación por
comercializar la obra, incluso ha habido quejas porque Cuba, el ICAIC,
no presentó ninguna película candidata al Óscar. Piden censura de baja
intensidad a cambio de que se les propicie divulgación internacional y
para ello entregan su complicidad intelectual.

En la última reunión de los cineastas con los burócratas del ICAIC, en
la cual finalmente se atrevieron a redactar una declaración de condena a
la censura de Cremata, dando muchas vueltas y utilizando las indirectas
de siempre, se apareció el disidente Eliécer Ávila y los burócratas la
emprendieron contra él, denunciando su presencia como un acto de
provocación y finalmente usando los paleolíticos términos de que la
crítica solamente se les permite a los revolucionarios y citando de
nuevo las palabras del Comandante en Jefe en su viejo discurso de la
Biblioteca Nacional.

Acto seguido, los miembros de la UNEAC, ni cortos ni perezosos,
redactaron una declaración de apoyo a la postura oficial de los
apparatchiks del ICAIC y volvieron a citar las famosas "Palabras a los
intelectuales". O sea, que en el campo minado de la cultura, las
barricadas se mantienen en su sitio.

Después, los escritores y matarifes culturales se reunieron para buscar
una posición respecto a cultura y turismo. Temen que la "gran cultura
nacional de la Revolución" quede manchada por la presencia callejera de
negras disfrazadas de brujeras tirándole los caracoles a los turistas
con un tabaco apagado en la boca. Se alzan contra la caricaturización
del folclore y expresan su preocupación. No les preocupa la censura ni
los ataques a los grupos disidentes, no, la mayor afrenta a la elevada
cultura revolucionaria son los reguetoneros, los tríos callejeros
improvisados y los que especulan con los sacrosantos rituales
afrocubanos (a pesar de que los mercenarios oficiales le prepararon,
como ellos mismos dicen, una boda típica afro al cantante Usher. ¡Qué
bien! ¿Qué es una boda afro?).

Por otra parte el flamante Premio Princesa de Asturias, Leonardo Padura,
se presenta en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y dice
que los problemas económicos han limitado la creatividad de los
escritores cubanos. ¿Qué es lo que temen? ¿Qué se les acabe el salario
de la UNEAC, que ya no resuelva casi nada? Buscan garantizar el apoyo
institucional, al menos para buscarse los dólares en el extranjero.
Padura y Pedro Juan Gutiérrez, quienes aseguran que jamás les han
cambiado una coma en sus obras, no padecen de ese problema. Han reunido
bastante dinero porque se les ha permitido publicar en el extranjero a
cambio de decir sandeces como esas y otras más.

¿Desde cuándo la escasez monetaria ha afectado la creación literaria? No
quiero salirme de los ejemplos del patio, pero antes del 59, Lezama Lima
se las arregló para sacar revistas y publicar su obra con pequeñas
ayudas y sin recibir compensación monetaria por sus escritos. En el
exilio Esteban Luis Cárdenas y Guillermo Rosales vivieron en la miseria
sin que ello impidiera que siguieran creando.

A Carlos Victoria le tomó muchos años ser publicado y se tuvo que
financiar muchas de sus obras, pero eso no lo detuvo. Heberto Padilla,
Reinaldo Arenas, Manuel Ballagas y yo comenzamos revistas literarias
costeándolas con nuestros propios bolsillos, cuando apenas nos alcanzaba
el dinero para comer. Para colmo, fuimos atacados en los foros y
revistas internacionales por la poderosa maquinaria del Gobierno cubano.
Nada nos detuvo.

Según Padura (lo ha dicho varias veces), hay un gran movimiento
literario cocinándose en la Isla, aunque casi nadie se haya enterado. El
debe saber algo que muchos no sabemos. De sus declaraciones pudiera
deducirse que en Cuba hay una inmensa cantidad de escritores que merecen
atención. Sí, como no. Parafraseando el chiste ruso, diría yo que:
"¡Cuán maravilloso es ver la cantidad de escritores que ha producido la
revolución! Antes solo teníamos a Piñera, a Lezama y a Baquero".

Este artículo apareció originalmente en el blog Diletante sin Causa. Se
reproduce con autorización del autor.

Source: La tozuda y morbosa vocación de servilismo de los intelectuales
cubanos | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cultura/1449976589_18784.html

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