Wednesday, October 7, 2015

La paz de todo el pueblo

La paz de todo el pueblo
HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES | La Habana | 7 Oct 2015 - 10:57 am

El proceso de pacificación en Colombia puede servir como ejemplo a los
cubanos, sin importar el bando a que pertenezcan.

El proceso de pacificación en Colombia puede servir como ejemplo a los
cubanos, sin importar el bando a que pertenezcan, de que cuando se
anteponen los intereses de la nación a los personales, todo es posible,
hasta los milagros. Por esa razón, la reconciliación en Cuba depende de
la capacidad de escuchar de las partes en pugna. Mientras el Gobierno
cubano insista en ningunear a los opositores descalificándolos, sin
detenerse en prestar atención a las quejas, protestas, denuncias y demás
manifestaciones de civilidad, el país no se reencontrará con el camino
de la prosperidad y la paz duradera.

Donde hay odios y miedos que no se curan por falta de voluntad de los
que tienen la fuerza, no puede haber avances en la reconstrucción de la
sociedad que, aunque en el presente no padece un conflicto armado, está
dividida por una guerra ideológica cuyos efectos más visibles y
perjudiciales son los más de dos millones de cubanos y sus descendientes
regados por el mundo, y la apatía de los que no se han ido.

Pensar diferente se ha considerado un delito en Cuba durante más de
medio siglo, cuando, por el contrario, debió ser siempre el motivo para
sentarse a conversar, y no el obstáculo. Esas reuniones, asambleas,
congresos, cónclaves y convenciones (lo mismo con más de lo mismo),
donde el único punto de desacuerdo en el orden del día puede ser el
horario de la merienda, han envenenado la cultura del debate.

Los exguerrilleros de la Sierra Maestra se hicieron del poder y lo han
mantenido por la fuerza con el paredón de fusilamiento y las cárceles
como parte del monólogo. Siguen siendo los mismos guerrilleros del año
1959, con más fe en las armas que en las palabras, aunque aplaudan a
rabiar el proceso de paz colombiano. Para ellos las FARC-EP merecen
tener en Colombia el acceso a la vida política que se les niega a los
que piensan diferente en Cuba.

¿Dónde queda entonces el discurso de la inclusión, la voluntad política
y la igualdad de derechos? El general Raúl Castro se niega a aceptar que
en una sociedad siempre van a existir voces disidentes sin que por eso
deban ser considerados enemigos. El totalitarismo cubano convulsiona
ante la idea de cambios pacíficos hacia la democracia y la economía de
mercado. La clase en el poder se niega a perder sus prebendas, por lo
que prefiere abrir la puerta con sigilo y a la menor amenaza se vuelve a
cerrar a cal y canto.

El discurso de Raúl Castro ante la Asamblea General de las Naciones
Unidas es un ejemplo de que nunca van a ser suficientes las acciones del
Gobierno de EEUU para crear un clima propicio al mejoramiento de las
relaciones entre los dos países, y mientras así ocurra, el argumento de
plaza sitiada servirá a los comunistas de La Habana para justificar la
opresión.

Es evidente que el Gobierno cubano no repudia la economía de mercado
como tal. A fin de cuentas, el sistema económico que se pretende
implementar con la ayuda del capital norteamericano no es más que
economía de mercado pero del peor tipo, sin ninguna de las ventajas del
capitalismo y sí todas sus calamidades, las que sumadas a las propias
del comunismo no nos permiten ser muy optimistas respecto al futuro de
la Isla.

Pero no es un modelo ramplón y chapucero de economía de mercado lo que
hace falta en Cuba, sino la institucionalización del país en pleno, con
leyes incluyentes e iguales para todos; una Constitución sin
favoritismos ni exclusiones de corte ideológico donde se respete la
propiedad privada y las libertades y derechos civiles reconocidos en
cualquier sociedad democrática, lo que para nada excluye los llevados y
traídos derechos a la salud y la educación públicas (que no gratuitas),
una legislación mercantil adecuada a las necesidades de una nación que
aspira a crecer para mantenerse de sí y un sistema electoral que permita
a los cubanos de adentro y de afuera elegir a sus gobernantes.

¿Tendrá suficiente voluntad política Raúl Castro para alcanzar la
verdadera igualdad entre los cubanos aunque piensen diferente? Hasta hoy
no es un crimen que cada cual desee, individual o colectivamente, tener
un mejor gobierno, y eso solo se puede lograr entre todos.

Source: La paz de todo el pueblo | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1444073497_17328.html

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