Wednesday, October 7, 2015

La herencia de Barack Obama

La herencia de Barack Obama
[06-10-2015 23:27:29]
Dr. Darsi Ferret

(www.miscelaneasdecuba.net).- Al término de su mandato, en 2016, el
legado del presidente Barack Obama será dejar una situación mundial
convulsa, con la paz seriamente comprometida y Occidente más acorralado
por el creciente empuje del Islám político y la acción desestabilizadora
de naciones antidemocráticas. Su política de repliegue en los conflictos
internacionales no trajo apaciguamiento, por el contrario ha reforzado
el caos en los diferentes escenarios de beligerancia.
Desde su arribo a la Casa Blanca, Obama asumió como prioridad política
sacar las tropas norteamericanas de Afganistán e Iraq. Esa estrategia,
una de las peores del paquete, es la responsable de que hoy la presencia
del Talibán en territorio afgano se multiplique y acechen con fuerza por
retomar el poder. De hecho, por primera vez desde que fueron derrocados
hace 14 años, tras un ataque en la ciudad de Kundus los talibanes
tomaron el control, aunque a estas alturas las autoridades aseguran que
la contraofensiva del ejército los ha expulsado, con la ayuda de
efectivos de la OTAN.

La complejidad a la que ha derivado Iraq resulta aún peor. Parte del
país cayó en manos del Califato impuesto a sangre y fuego por el grupo
terrorista Estado Islámico (EI), que se extiende a territorios sirios. Y
el gobierno chiita que dirige la nación iraquí se comporta como una
marioneta del régimen fundamentalista de los ayatolas de Irán. Esto se
traduce en que el sacrificio de miles de jóvenes norteamericanos, y de
otras nacionalidades, que murieron luchando contra el terrorismo en
Iraq, más los miles de millones de dólares destinados para la
reconstrucción del país luego de que fuera derrocado el dictador Saddam
Hussein, al final no tengan un resultado beneficioso para ese pueblo, la
estabilidad del Medio Oriente, ni para el apoyo y la protección de los
valores occidentales.

Sin dudas, la no actuación en Siria es el desastre mas significativo
dentro de los fracasos en política exterior de Obama. Lo que comenzó
como una sublevación de parte del pueblo sirio contra el régimen
dictatorial de Bashar al Assad, pronto escaló a una sangrienta guerra
civil que no se le ve fin y amenaza con desmembrar la nación. El balance
del suceso bélico contabiliza mas de 220 mil muertos, la mayoría civiles
indefensos, 7 millones de desplazados y unos 4 millones que se han visto
obligados a buscar refugio en otros países. Hay reportes que confirman
genocidios perpetrados mediante el uso de la aviación y de armamento
pesado por parte del ejército sirio, así como de ataques con armas
químicas a manos de las tropas del gobierno y de grupos terroristas
involucrados en la contienda militar.

La inacción de Obama mientras se agudizaba el problema sirio, facilito
que el bando opositor se nutriera de combatientes yihadistas de diversos
grupos islámicos, que terminaron por desplazar del protagonismo al
Ejército Libre Sirio (ELS). Impulsados por sus éxitos militares, el
grupo radical de Estado Islámico concentró fuerzas, rompió su obediencia
hacia Al-Qaeda y declaró su Califato en amplios territorios que domina
en Iraq y Siria, convirtiéndose en la mayor amenaza, además, para
Occidente. También los terroristas de Al-Nusra y Al-Qaeda controlan
zonas sirias, junto a la presencia de otros grupos radicales islámicos
que operan en el país.

En medio de su pugna con la monarquía de Arabia Saudí por la hegemonía
regional, los intereses geoestratégicos motivaron al régimen de Irán a
inmiscuirse en la guerra siria en defensa de Al Assad. La alianza se
basa en que Irán es la potencia árabe del Medio Oriente de profesión
religiosa chiita y la dinastía de Assad representa a la minoría aluita
en el poder, que esta es una rama del Islám chiita. La intervención de
los iraníes se enfoca en garantizar apoyo político y el aporte de
importantes recursos económicos y militares. No solo enviaron al teatro
de operaciones en Siria a comandos de asesores y otros efectivos de la
Guardia Revolucionaria iraní, sino que son los responsables de la
presencia en el terreno de miles de combatientes de la milicia libanesa
Hizbola y del grupo palestino Hamas, que se enfrentan a los rebeldes
opositores y a los yihadistas que combaten el régimen sirio.

La respuesta de las monarquías del Golfo Pérsico (Arabia Saudí, Qatar,
Emiratos Árabes, Kuwait, Bahrein, Omán) ante la expansión Persa a Siria
en defensa de Assad, es brindar apoyo a los rebeldes sirios y, aunque lo
niegan públicamente, han suministrado valiosos recursos económicos y
militares a los grupos musulmanes extremistas, incluido Estado Islámico.
Estos grupos de yihadistas comparten con las monarquías su pertenencia a
la religión suní y tienen de enemigos comunes tanto al régimen sirio
como a los iraníes que les auxilian.

Turquía no se queda fuera del ajiaco y resulta un firme opositor a las
pretensiones de Bashar al Assad de mantenerse en el poder. Su razón es
contener el peligro que le representa la legitimación y reconocimiento
internacional que ganan sus rivales kurdos por el relevante
enfrentamiento y éxitos militares ante los grupos terroristas en Iraq y
Siria. La condición de miembro de la OTAN de Turquía no ha sido
impedimento para que su país se haya utilizado de trampolín por los
miles de jóvenes extranjeros que viajan a Siria con intención de unirse
a las tropas radicales de Estado Islámico.

También se oponen a que EEUU apoye con armamento a las guerrillas
kurdas, por temor a que las actuales circunstancias contribuyan a la
independencia de esa etnia sin Estado, por el viejo reclamo que los
enfrenta de crear el Kurdistán con la asociación de las poblaciones
kurdas distribuidas por los territorios turco, iraquí, sirio, iraní y
armenio.

La única democracia del Medio Oriente, Israel, de igual modo se ve
afectada por los sucesos en Siria. La persistencia de Assad en el poder
implica una amenaza para su seguridad nacional, principalmente por el
traspaso de recursos y armamentos que pone en manos de Hizbola y Hamas,
jurados enemigos de los israelíes. También los tentáculos de Irán en
Siria representan un peligro adicional por la política que promueve de
barrer de la faz de la tierra al Estado hebreo. Esta situación hace que,
a pesar de la tradicional alianza judía con EEUU, no se involucre de
modo más determinante en la lucha contra los grupos terroristas que
enfrentan al régimen sirio.

El presidente ruso, Vladimir Putin, es quien le puso la tapa al pomo
ordenando la entrada de escuadrones de su aviación militar en el campo
de operaciones en Siria. Esta acción constituye una afrenta para
Occidente y para Obama un total bochorno. Contrario a la agenda de los
gobiernos occidentales, las acciones bélicas de Rusia se dirigen a
sostener a Bashar al Assad en el poder, más allá de combatir al
terrorismo islámico. Lo prueba el hecho de que hasta ahora los
bombardeos rusos se focalizan en áreas controladas por facciones
rebeldes moderadas de las que algunas reciben apoyo de EEUU, en Idelb,
Hama y Homs, donde no hay la presencia de yihadistas del Estado
Islámico. Y es que Rusia defiende en Siria la conexión que le queda con
el Medio Oriente y la única base militar con que cuenta su Armada en el
Mar Mediterráneo, ubicada en la ciudad costera de Tartus.

La realidad es que mientras Siria colapsa como nación a consecuencia de
la guerra entre lo que queda del régimen de Bashar al Assad, los grupos
extremistas islámicos y las facciones opositoras de militares moderados,
la coyuntura ha devenido en la presencia operativa de dos coaliciones
que, aunque definen sus acciones como combate al terrorismo, se
proyectan motivados por intereses divergentes. El bloque que tiene a
Rusia a la cabeza se compone de Irán, Iraq, el régimen sirio, más las
milicias de Hizbola y Hamas. Tienen su centro de coordinación en Bagdad
y presionan por derrotar a los islamistas, y buscar una salida al
conflicto bélico imponiendo la permanencia de Bashar al Assad como
presidente de su país. En el bando capitaneado por EEUU, se incluyen sus
aliados occidentales, Israel, las monarquías del Golfo Pérsico y
Turquía. Acá la diferencia es que exigen que la solución en Siria
incluya la salida de Assad del poder.

Lastimosamente las circunstancias vuelven a confirmar que el abandono de
las responsabilidades internacionales por un país primordial, como es
EEUU en la salvaguarda y promoción de la paz y el desarrollo de la
Humanidad, siempre trae consigo una estela de consecuencias
perjudiciales de impacto significativo. El precio a pagar por la
ineptitud en el manejo de la política exterior de Obama, es que cada día
se debilita el peso geopolítico de los EEUU en los asuntos globales,
mientras se expande de modo proporcional la amenaza del terrorismo
islámico y la influencia de naciones antidemocráticas, como Rusia e
Irán, que representan todo lo contrario a los valores occidentales. El
republicano o demócrata que releve en la Casa Blanca al actual
mandatario tendrá la obligación de sortear muchos obstáculos para
reorientar el curso de la hoy cuestionada potencia hegemónica mundial.

Source: La herencia de Barack Obama - Misceláneas de Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/56143cc13a682e1510dc830b#.VhUCJnqqqko

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