Primavera caribeña: No cuenten con Cuba
La isla aún vive dentro de la burbuja informativa castrista: no se sabe
lo que ocurre en las calles de Venezuela
lunes, marzo 17, 2014 | Wichy García Fuentes
SONORA, México.- El despertar cívico del pueblo venezolano, eje, materia
prima y a la larga víctima fundamental de ese proyecto
ideológico-psicótico que es el "Socialismo del Siglo XXI", ha desatado
inexorablemente también las ansias reprimidas de muchos cubanos que, en
diferentes sectores del exilio y el insilio, han creído ver una
oportunidad única para contagiar a la no menos deprimida nación cubana
con el ardor del levantamiento popular. Como otras veces, llega una
nueva iniciativa en red, llamando a los habitantes de Cuba a un
levantamiento pacífico, acompañada de carteles y vídeos en YouTube.
"Desobediencia civil en Cuba", con fecha y hasta con hora: 1° de abril
de 2014, a las 12:00 pm.
La movida digital, como otras veces en las que de manera similar se citó
a los cubanos de adentro a manifestarse, se presenta – mayormente – con
buenas intenciones. Algún exiliado cubano desde los Estados Unidos ha
diseminado por las redes sociales una campaña, con elevado número de "me
gusta" y "compartido", a la que no le ha faltado apoyo de activistas
reconocidos y de algún programa vespertino de la televisión del sur de
la Florida. Con un diseño amateur al que no se le escapan ciertos
errores ortográficos, la convocatoria evidencia no estar patrocinada por
institución o gobierno alguno. Al uso de la imagen de un pacífico
Antúnez en uno de los posters, se le han añadido otros con menos tino,
como ese que llama a la lucha con cierto tono racista ("Negra, hoy tú
eres Mariana Grajales. Negro, hoy tú eres el Titán de Bronce") y otro
con un machete ensangrentado que pide el saldo de "diez comunistas" por
cada civil (¿caído?), con lo que se empaña en buena medida el tono
pacifista y se ofrecen, en bandeja, herramientas de réplica legítimas a
la propaganda oficial.
Pero concordemos en que a muchos nos agrada la idea, obviando los
mensajes excesivos, de que en efecto se desate una protesta cubana a
gran escala. A estas alturas, pocas cosas nos resultarían tan
placenteras como presenciar un levantamiento pacífico en las principales
ciudades de la isla, ver a nuestros compatriotas confrontar de manera
directa al poder, acompañarlos en una cruzada dura pero necesaria,
apoyarlos y divulgar sus demandas por cuanto medio de comunicación esté
a nuestro alcance… Pero por desgracia, un acercamiento objetivo a la
realidad cubana de intramuros, una aproximación desprejuiciada y sin
romanticismos gratuitos, enseguida nos reubicaría en la amarga postura
de la suspicacia.
Tanto en la Primavera Árabe como ahora en Venezuela, el brote de
insubordinación popular aconteció al margen del monopolio comunicacional
oficialista. La página de Facebook We are all Khaled Said, hecha por un
ejecutivo de Google en Egipto, Wael Ghonim – bajo el seudónimo de El
Shaheeed –, en homenaje al joven asesinado por la policía local en 2010,
salió y multiplicó sus contactos apenas una semana antes del
levantamiento egipcio. Ghonim comentó al respecto, luego de ser
liberado: "No existe uno de nosotros que esté sentado sobre un gran
caballo liderando a las masas. Que nadie los engañe a creer eso. Esta
revolución perteneció a la juventud de internet, luego a la juventud de
Egipto, y luego perteneció a todo Egipto. No tiene un héroe, todos
fuimos héroes"…
Así de rápido queda establecido un determinante patrón para la
desobediencia civil actual: las comunicaciones alternativas.
Los venezolanos, aún con los medios radiales y televisivos mayormente
secuestrados por el poder chavista, conservaron una discreta tirada de
periódicos opositores, estrangulados por el desabastecimiento de papel,
amenazados con leyes que interpretan al reflejo de la violencia real
como "amarillismo", pero todavía sobreviviendo lo suficiente como para
mantener ciertos márgenes de opinión discordante. Algunos, como El
Universal, también acceden a la opinión pública a través de sus
versiones digitales, aunque en este caso el protagonismo se lo ha
llevado La Patilla, un sitio originalmente concebido para noticias de
todo tipo, con preeminencia de frivolidades y farándula, pero que en la
actual coyuntura se ha convertido en uno de los foros venezolanos – ello
incluye su página de Facebook – con mayor tráfico y participación de
internautas locales, abiertamente contestatario y actualizado minuto a
minuto. El Chigüire Bipolar, otra web dedicada a la sátira política, y
que no distingue entre oficialistas y opositores radicales para el
ejercicio humorístico, ha servido también de potente canalizador de la
opinión discrepante, siendo además el sello productor de series en red,
de notable calidad, como Isla Presidencial y Pero Tenemos Patria, muy
efectivos con su mensaje disidente en clave de comedia.
Cuba, por desgracia o más bien por decreto real, aún vive dentro de la
burbuja informacional castrista. Lo que se sabe es sólo "lo que se
filtra". La gente, a gran escala, ignora – o recibe información muy
tergiversada, que no es lo mismo pero es igual – lo que pasó en regiones
árabes, tanto como la coyuntura actual de Ucrania y, muy por encima de
todo, la situación venezolana, esa de la que el gobierno cubano es parte
vital y de la cual depende su propio desenvolvimiento económico futuro.
El Granma establece que el ejército ruso, camino a Ucrania, son "tropas
de estabilización", tras el derrocamiento del excelentísimo señor
presidente Yanukovich – merecedor de la Orden José Martí en octubre de
2011 –, y sobre las revueltas en Venezuela, cuando no mantiene un
silencio sepulcral, repite el mismo panfleto sobre los "grupos fascistas
violentos" que ya son controlados por Nicolás Maduro, el buen amigo de
la patria cubana. O sea, allí todo está muy normal, no pasa nada grave.
Aunque se "filtren" otros puntos de vista a través de medios no
convencionales, artículos cargados en memorias flash o noticieros de
Univisión en soportes para DVD players, el grueso de los cubanos seguirá
cuando menos confundido con las versiones oficiales.
Más aún, en los últimos años se ha extendido la opinión de que TeleSur,
canal del chavismo y ahora colgado como una señal más de televisión
abierta, es mucho más objetivo que el NTV producido en Cuba. Y lo triste
es que, en rigor, sí es "más objetiva". TeleSur, desde que sólo llegaba
por el canal Tele Rebelde en una síntesis diaria de 60 minutos
(escogidos con pinzas), aún con su obvia postura castrochavista,
mostraba al espectador cubano lados de la noticia global que no se
veían, de ninguna manera, en los noticieros convencionales. Por ello es
aún más compleja la sensación de "verdad" que tiene el cubano medio: su
referente más libre es un canal que, aun siendo más "liberal" que la
doblegada prensa nacional, sigue siendo un medio manipulador y
mentiroso, un medio patrocinado por los regímenes cubano y venezolano, y
que sigue ocultando, o bien tergiversando, la crítica realidad de la
Venezuela actual.
Este, por ende, no es un caldo de cultivo precisamente ideal para la
metástasis revolucionaria.
El "efecto Maleconazo"
Más allá de esporádicas manifestaciones en la vía pública, ejecutadas
por pocas personas en las ciudades más importantes, inevitablemente
promovidas por alguno de los tantos partidos (ilegales) pro-democracia
de la isla, o explosiones sociales de mediano impacto en Marianao,
Centro Habana, Contramaestre o en la cabecera provincial de Holguín, el
brote popular no ha podido cuajar y multiplicarse en aquellos predios
históricamente controlados por el castrismo y sus chivatos.
Retratados con celulares que no siempre cuentan con la calidad
testimonial de los móviles actuales en el mundo civilizado, suelen
mostrar a unos cuantos disidentes expresándose con flores o carteles, y
alrededor una multitud de curiosos pasivos que, si bien ya no se prestan
a la represión, siguen sin ánimo de defenderlos de aquellos aguerridos
"comecandelas" que nunca faltan, o bien de la acción directa de la
policía, mucho menos de colocarse en la misma fila a reclamar por sus
derechos.
El cubano actual ha perdido la conciencia de lo que significan sus
derechos, ignora la letra de los tratados universales sobre Derechos
Humanos y con semejante letargo cívico, una primavera como la venezolana
en territorio raulista es, si no imposible, al menos quimérica.
La última revuelta urbana ocurrida en Cuba – y la única verdaderamente a
tener en cuenta dentro del período castrista – ya cumple casi veinte
años. El llamado "maleconazo" del 94 se dio espontáneamente, y tomando
por sorpresa a los propios focos disidentes, los grupos minoritarios de
oposición reconocidos de entonces. No fue convocado, no fue planificado,
sólo estalló por una circunstancia de crisis grave y la confusión en
torno a una supuesta apertura, en algún punto del malecón habanero, de
un puente marítimo de escape hacia los Estados Unidos. La dura crisis
económica que ya se le había escapado de las manos a Fidel Castro desató
la inconformidad de la gente y la ocupación de las calles con piedras y
reclamos de libertad. Pero precisamente gracias a la burbuja que nos
mantenía incomunicados dentro de la isla, en innumarables zonas de la
propia ciudad, ni qué decir del resto del país, mucha gente ni siquiera
se enteró de lo ocurrido. El comandante en jefe resolvió la revuelta con
una de sus clásicas simulaciones – trajo brigadas de constructores
orientales (del este de la isla) para representar al glorioso pueblo en
guerra contra un "grupúsculo" de desafectos – y el mundo no tuvo más
remedio que tragarse la versión oficial, a falta de mejores pruebas.
Sólo años más tarde salieron a la luz, en YouTube, los vídeos que se
tomaron aquel turbulento día de agosto, ya para cuando la dictadura
había encontrado un patrocinador nuevo que aplacara la sempiterna
crisis: Venezuela.
La triste tarea del aguafiestas
No habrá levantamiento popular en Cuba. Al menos no será por
convocatoria en redes sociales dentro de un país con un índice de
conexión irrisorio, férreamente monitoreado por la Seguridad del Estado.
Con todo y las buenas intenciones de esas campañas que esperan contagiar
al archipiélago con el clamor de las guarimbas venezolanas, mientras el
pueblo en general permanezca en su actual estado de domesticación, ajeno
a las ofertas masivas – y contradictorias – de la prensa mundial,
desconectado de Twitter y de Facebook, no habrá la menor posibilidad de
que secunden una idea que, al menos en teoría, luce tan noble como
descabellada.
La única posibilidad será el "efecto maleconazo", es decir, una vez
derrocado el chavismo en Venezuela, desconectada la isla de su mecenas
oficial, y quedando así desprotegida, sin petróleo ni dinero para seguir
a flote como hasta ahora, lo que viene inevitablemente será otro
"período especial", sin energía, sin comida, sin liquidez, en un esquema
político que aún no permite la búsqueda de solvencia a través del
comercio libre, y tras ello las condiciones "objetivas y subjetivas"
para que el malestar popular crezca y termine materializándose en una
eventual revuelta.
Dicha posibilidad también estaría a la expectativa de nuevos cambios
socioeconómicos que pudieran verse obligados a aplicar los gobernantes.
Fidel Castro aplacó el "efecto maleconazo" con medidas de emergencia,
cortando restricciones al entonces penalizado dólar y propiciando
ciertos niveles de inversión extranjera y de trabajo por cuenta propia.
Esta vez a Raúl Castro quizás no le quede más remedio que inspirarse en
el modelo chino para salvar el pellejo: Un capitalismo ya declarado,
propiedad privada reconocida, libertad empresarial, pero con las riendas
aún en las manos del partido comunista.
De cualquier manera, la taimada telaraña de poder que le ha costado
medio siglo de trabajo incansable a las autoridades cubanas, parece ser
la garantía principal para que a Cuba no lleguen los aires de
revolución, de primavera caribeña, al menos en el tiempo que le queda de
vida a la generación que fundó los cimientos del totalitarismo y puso
las reglas del juego vigentes.
La caída del chavismo por desgracia no va a trascender, en la conciencia
del cubano promedio – o en sus ansias de rebeldía – más allá de lo que
trascendió la caída del muro de Berlín.
Source: Primavera caribeña: No cuenten con Cuba | Cubanet -
http://www.cubanet.org/colaboradores/primavera-caribena-no-cuenten-con-cuba/
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