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Tuesday, April 12, 2011

Se quedarán cortos o se pasarán?

VI Congreso del PCC

¿Se quedarán cortos o se pasarán?

A breves días del VI Congreso del PCC

Eugenio R. Balari, Mérida | 12/04/2011

Nos encontramos a muy pocos días de la celebración del esperado (dentro
y fuera del país) VI Congreso del Partido Comunista.

A propósito, me viene a la memoria que cuando se inició la construcción
del partido, por el año 1962, (proceso justificado y abortado por la
rectificación de errores al llamado sectarismo de las ORI), se le dio un
nombre bien sintonizado, además, bastante lógico y coherente para
aquellos y posiblemente otros momentos del desarrollo de la recién
triunfante revolución cubana.

Ese nombre fue el de Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba
(PURSC) que, como se podrá apreciar, respondía a aquellas circunstancias
históricas y probablemente hasta a las actuales, y a que en el mismo se
aglutinaran ciudadanos y protagónicos combatientes de la lucha
revolucionaria que, como es sabido, poseían en aquel entonces las más
variadas o heterogéneas posiciones políticas e ideológicas.

El cambio abrupto e inesperado de nombre del partido, sin un previo
consenso de amplio y riguroso análisis (que hubiera sido lo más
pertinente) no dejó de sorprender a muchos de sus militantes y a más
ciudadanos del país.

También es de suponer que, en alguna medida, violentó el proceso natural
ideológico-formativo en que se encontraban inmersos muchos
revolucionarios y no menos militantes.

Sin embargo, en aquellos momentos, el significativo entusiasmo existente
en las masas y entre los revolucionarios más fraguados en la lucha
posibilitó, sin mayores cuestionamientos o dificultades, que la
propuesta se modificara durante un importante discurso realizado en un
amplio teatro de la ciudad de La Habana.

Pasando la página del significativo recuerdo, tenemos que en los
próximos días y después del largo tiempo transcurrido entre la
celebración del anterior Congreso y este que se efectuará, se volverán a
reunir ahora algo más 1.000 militantes del país de diferentes sectores
económicos y sociales, con la intención de proyectar los cambios
imprescindibles o definir un nuevo modelo de desarrollo, que deberá
marcar el actual rumbo o derrotero de la revolución cubana.

Se sabe que ha habido un amplio proceso de análisis y discusiones entre
la ciudadanía alrededor de los llamados Lineamientos Económicos,
Políticos y Sociales, que aunque positivos han sido bastante limitados
en su enfoque y que, por cierto, fueron elaborados previamente y dados a
conocer masivamente por la dirección del propio Partido.

Por su parte y como era de esperar, analistas de diferentes latitudes
geográficas también han hecho sus recomendaciones y conjeturas, también
han sido muchas y de diversos matices las especulaciones, unos
considerando la conveniencia de más aperturas, desestatización y/o
descentralización, y otros de menos o justificando una apertura moderada
que no desvíe el proyecto "socialista" que se venía encausando en los
últimos años.

Lo que no deja lugar a dudas es que el país, la sociedad cubana de la
Isla o el pequeño archipiélago, si se le quiere llamar así, se encuentra
urgida de cambios muy serios y amplios, sobre todo en el sector de la
economía, que le permitan salir a flote de su inercia permanente y su
ineficiencia e improductividad manifiestas.

Consecuentemente, ello debe contribuir y (más rápido de lo que muchos
puedan pensar) a debilitar el fuerte papel de la burocracia
administrativa y política que con tan alto nivel de arbitrariedad,
insensibilidad y prepotencia ha coartado una buena cantidad de derechos
y libertades ciudadanas.

Hay que rescatar también la desaparecida motivación laboral del cubano,
lo que solo se alcanzará cuando las autoridades y las normas sociales de
convivencia (sin juicios y prejuicios absurdos) le permitan dar rienda
suelta a su imaginación y sentido creativo, a su disposición de luchar
por la vida, sin obstáculos y en condiciones en que sus esfuerzos e
iniciativas laborales (físicas o intelectuales) se vean recompensadas
adecuada y favorablemente, lo que contribuya a un nivel de vida más
próspero y satisfactorio para todo el pueblo.

Cincuenta años de experimentación social y económica no son pocos, son
en realidad mucho más de lo debido, y tendrá que llegar también el
momento de su repaso crítico, pues el autocrítico no aparecerá como
debiera o quedará, por el momento, relativamente edulcorado.

Creo que en Cuba dirigentes y dirigidos han podido sacar una amplia
experiencia de todo lo ocurrido, unos por vías más conscientes e
intelectuales y otros por la práctica de la vida y las circunstancias de
los impactos ocasionados.

Los cubanos, si algo saben, es lo que funciona y lo que no y las razones
del por qué… no hay que llamarse a engaños. Además, muchos ciudadanos le
cogieron la vuelta a aquello. No siempre tampoco de la mejor forma, pero
como se dice en el argot popular y a manera de justificación, para
"luchar y escapar".

Al parecer, los jóvenes de hoy lo tienen mucho más claro que las
generaciones anteriores y ello es una exigencia social y política
impostergable que no puede dejar de tomarse en consideración ni dejar de
reconocerse en un Congreso partidista, ni en las calles del país o de
cualquier otro lugar del mundo.

Evidentemente, la suerte está echada y el VI Congreso del Partido se
encuentra ante esa disyuntiva histórica.

Por otra parte, a no ser que especulemos en la historia sobre las
comunidades primitivas, la humanidad, que se sepa, solo ha podido
conocer hasta la contemporaneidad ciertas formas y éxitos sociales de
proyecciones socialistas y, por supuesto, condicionados a determinadas
políticas, intereses u otras razones globales, en países de la Europa
Occidental y más recientemente, a pesar de sus críticos y detractores,
en naciones asiáticas como China y Vietnam.

En el caso específico de las revoluciones de China y Vietnam, ello
sencillamente transcurre de forma positiva, entre otros motivos, por la
honradez de ese pueblo y sus dirigentes al haberse sabido apartar a
tiempo de las políticas económicas erróneas que las precedieron y los
excesos de las relaciones de propiedad estatal y métodos centralistas
que bloquearon las posibilidades participativas y de desarrollo de la
ciudadanía.

Es sabido que todo ello trajo como consecuencia un cierto divorcio y
determinada desmotivación de las masas trabajadoras sobre las relaciones
de producción (propiedad) establecidas y sus mecanismos de incentivación
material.

Varias de las políticas económicas y sus métodos de implementación no
alcanzaron los éxitos previstos.

Continuaron manifestándose las hambrunas y otros graves problemas
sociales, porque esas economías no se encontraban con capacidad de
ofrecer las soluciones esperadas ni lograron desarrollar un modelo de
mayores incentivos materiales, lo que ocasionó que para muchos
ciudadanos se fueran cerrando las esperanzas de solución a que
aspiraban; por lo que ante la llegada del escepticismo o la desilusión
en las masas, surgió la necesidad objetiva, imperiosa, de desechar todo
lo que eficientemente no funcionara y entonces… aparecieron los cambios
y las reformas.

Es de elemental comprensión que toda gestión laboral/productiva por
parte de los trabajadores requiere hacerse sentir en las condiciones y
modo de vida de los mismos y ese es el único camino sólido y viable para
hacer crecer la economía y con ello garantizar un ascendente desarrollo
económico/social.

Afortunadamente ahora esas sociedades transitan con sus nuevos modelos
de desarrollo de economías socialistas de mercado y soy de los que
piensan que es absurdo, inconsecuente, enormemente irracional, sectario
e insensato el ponerse a cuestionar en estos tiempos el desenvolvimiento
de tales experiencias, que con relativos éxitos económicos se vienen
implementando en dichos países.

Nadie tiene la primera ni la última palabra sobre el socialismo, ni la
tendrá en el futuro por razones elementales de la dialéctica. Lo que
este es o será y cómo edificarlo estará por verse y continuará siempre
cambiando. Todas las teorías tienen que justificarse en los hechos, en
la práctica social y ser percibidas beneficiosamente por las personas.

Las añejadas, enjundiosas y avanzadas teorías que nos legaron los
clásicos y en las que se han sustentado las ideas de este nuevo sistema
social nos llevan a pensar que tales esfuerzos deben efectuarse con
criterios de contemporaneidad, creadora, sistemática y consecuentemente,
sobre bases científicas, democráticas, de libertad plena de pensamientos
y búsqueda de consensos ciudadanos.

No proceder de esa manera llevaría irremediablemente a un nuevo fracaso
en el empeño. Y ya han sido más que suficientes.

A pocos días del VI Congreso del Partido, arrastrando tras de sí el
enorme fardo de situaciones complejas y problemas sociales y económicos
críticos, que se han ido acumulando en el país, me viene a la memoria la
célebre frase que nos legó para la posterioridad el excelso Generalísimo
de nuestras guerras de independencia, el dominicano-cubano Máximo Gómez,
cuando tratando de pincelar las características o peculiaridades del
cubano, señaló, que nosotros o nos pasábamos o nos quedábamos cortos.

Por ello, la pregunta que me hago ahora rememorando la frase famosa del
Generalísimo es ¿en dónde quedará el VI Congreso y cuál será su
responsabilidad histórica?

Pronto se dilucidará.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/se-quedaran-cortos-o-se-pasaran-260456

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