Domingo, 10 de Abril de 2011 10:51 , Carmen Echarri
Dicen de la salsa que es el baile en el que África y América se dan la
mano. En el CETI, desde hace un mes, hay un cubano que se está
encargando de hacer realidad esa unión impartiendo clases de salsa a sus
compañeros. Se llama Víctor Kindelán y representa, quizá, una de las
historias más especiales que se esconde tras las puertas que conforman
el campamento del Jaral.
El inicio de esta aventura comienza en octubre de 2009. Tras dedicarse a
varios empleos relacionados con la hostelería, Víctor decidió que era el
momento de intentar salir de Cuba. Allí ha dejado a sus dos hijos,
nacidos de su primer matrimonio. ¿Por qué? Era difícil vivir en un país
en el que las libertades las disfrutan unos pocos y las persecuciones
están a la orden del día. Víctor lo sabe, de hecho pasó por cuatro
cárceles distintas, llegando a permanecer hasta 22 días en régimen de
'mayor rigor', uno de los más severos. Se le acusó de delitos que no
cometió, algo que terminó aclarándose, pero eso sí, después de pasar por
la cárcel. Y es que la máxima de que primero hay que demostrar si eres
culpable antes de que se te condene no encuentra lugar en el régimen
cubano. La escapada del 'oasis de Fidel' suponía conseguir la libertad y
eso fue lo que intentó Víctor. Lo que no sabía era que aquel viaje que
comenzó en 2009 iba a convertirse en una aventura rocambolesca que le
llevaría hasta Ceuta, más de un año después. "Vendí todo lo que tenía,
pero la historia me salió mal", narra en su entrevista con 'El Faro'. Su
viaje tenía que haber terminado en Roma. Un funcionario le había dicho
en Cuba que no habría problema para quedarse allí, pero se equivocó.
Víctor consiguió abandonar la isla al obtener un permiso de residencia
temporal en Guinea para trabajar con un contrato de pesca. Esa era la
excusa ya que su idea pasaba por quedarse en Roma. No pudo ser, allí, en
el aeropuerto, quedó 48 horas detenido, comenzando una pequeña escalada
de aeropuertos, nuevas detenciones y más bloqueos. En Casablanca estuvo
otras cuatro horas, en Senegal cuatro días preso y cuando llegó a Guinea
se quedó sin maletas, golpeado y sin dinero. Sólo guardaba su pasaporte.
Víctor recuerda que en Guinea un chico que vivía en la calle le ayudó.
Se convirtió en su único apoyo, aunque luego terminaría robándole. En
Guinea pidió atención en la embajada de España y en el consulado. Primer
chasco: no la obtuvo. "Me dijeron que días antes se había detenido un
barco cubano que estaba traficando en Cabo Verde y que tenían orden de
no ayudar a los cubanos", recuerda.
Cruzar la frontera era un imposible, a pesar de tener su residencia y
disponer del contrato de trabajo las trabas eran continuas, así que su
amigo le ayudó a llegar hasta Senegal por la selva. Este pasaje es, sin
duda, es el más complejo de su periplo. Víctor recuerda la desesperación
de ambos, ya que "estábamos perdidos, andando, andando, llegamos a darle
la vuelta a la selva, aparecimos en el mismo lugar", indica. Esa fue,
sin duda, su "etapa más dolorosa", en la que sufrió el "ataque de los
macacos" y obtuvo la ayuda de "unas mujeres primitivas" que estaban en
plena selva y que fueron las que le ayudaron, le lavaron y le dieron de
comer. "Pasábamos los puntos fronterizos por la selva", recuerda, se
toparon con una presa que cruzaron con una canoa "que dio la vuelta.
Cansado pensaba que me iba a morir", indica. Pero no fue así. En el
cuerpo y en la mente de Víctor seguía habiendo fuerzas, que fueron las
que le animaron a continuar en el camino hasta llegar a la capital, a un
barrio marginal en donde vivía un colega de su amigo "que nos dejó vivir
en su patio".
Acoger a un extranjero o ayudarle puede ser motivo de una actuación
policial que termine en cárcel; por eso para este cubano resultaba
complicada cada fase. Con una hermana en Lanzarote y el padrino de uno
de sus hijos en Sevilla, a Víctor le iba llegando algo de dinero que
recibía a través de Western Union para seguir avanzando. Por esta vía
recibió cerca de 130 euros, que entregó a su amigo con la confianza de
que los usaría para facilitarle la salida de allí. ¿El resultado?
Imagínenlo. Se marchó con el dinero y le dejó en casa del colega que le
había acogido. Éste tenía miedo de acoger a un extranjero en su casa,
pero dejarlo en la calle sería sentenciar su muerte. En un barrio
marginal, un extranjero como Víctor tenías las horas contadas. Las
visitas a la embajada de España e incluso de Estados Unidos en Dakar de
poco sirvieron. Al final consiguió el dinero para poder escapar en avión
a Casablanca. Unos 2.400 euros. ¿Cómo? Quien le acogía lo consiguió y le
despidió con un 'ya me lo devolverás' algún día.
Así comenzaría la etapa marroquí de este cubano que llegó a atravesar
distintos puntos del país vecino, sin comida, sin dinero pero siempre
con ayudas sorpresivas. "Me bajé del avión en la capital, sin dinero,
sólo con mi maletica", recuerda, pero siempre topó con personas que, por
lo que fueran, le terminaban dando una protección. Comida -aunque fueran
sobras-, orientación, cobijo... Fue en Marruecos donde el nombre de
Ceuta se cruzó en su destino. ¿Cómo? Su hermana había conocido la
historia de otro cubano que, ocho años atrás, había entrado en Ceuta a
través de la frontera, así que le envió dinero para que consiguiera
llegar a una meta que supondría la vuelta a la tranquilidad. "Dios me
puso a Carlos en el camino", recuerda, mencionando a un español que le
ayudó indicándole por dónde llegar hasta Tetuán y cuánto dinero,
estimado, le podría costar un taxi. Y es que la picaresca y los abusos
se habían cebado con Víctor, a quien los taxistas, sagaces y tramposos,
daban decenas de vueltas por la misma zona para terminar cobrándole más
de lo debido.
Las primeras noches en Tetuán vinieron marcadas por el frío y la
incertidumbre de no saber a dónde acudir. Con algo más de dinero enviado
por su hermana pudo empezar a dormir en algunas pensiones, comer algo y
planificar la forma de llegar hasta Ceuta. Pero en su historia, a la
primera no llegó la victoria. Le aconsejaron que acudiera a la frontera
día tras día, hasta que alguien le viera con su mochila e intentara
pasarlo. El día elegido no fue el propicio. Recuerda que no paraba de
llover. "Desde las doce hasta las cuatro la lluvia seguía y yo esperaba.
Me hicieron trucos y me sablearon, perdí todo y me quedé solo, sin
dinero, desmayado y enfermo", recuerda, señalando su chaqueta, la misma
de aquel día, que todavía tiene los jirones hechos por los ladrones y
algunas marcas de sangre imposibles de eliminar. Una mujer que lo vio en
el suelo lo recogió y acercó hasta la iglesia. Enfermo, era el único
lugar en donde se "sentía protegido". Tuvo que permanecer ingresado en
el hospital, "me aislaron, pensaba que tenía sida o algo contagioso. Me
mandaron incluso treinta días a Ben Karrich, "en donde me atendieron
unas monjas". "Me ayudaron, me asistieron y me fui recuperando". Víctor
recuperaba así las fuerzas necesarias para poder planificar su entrada
definitiva en la ciudad.
La entrada en la ciudad, tras varios intentos, se consigue hace un mes
Víctor intentó en Marruecos encontrar esa protección ya que su regreso a
Cuba supondría un claro atentado contra su integridad física, siendo
carne directa de presiones políticas y carcelarias. No la obtuvo y llegó
a protagonizar hasta tres intentos de entrada para conseguir llegar a
Ceuta. El primero comprando un pasaporte con la promesa de que entraría
aprovechando la celebración de la Pascua del Cordero. Al final perdió
300 euros, le agredieron y se quedó sin la salida. Después quiso entrar
por la valla, acercándose como habían hecho otros inmigrantes, pero la
Policía marroquí le sorprendió y le traslado hasta Tetuán, quitándole su
pasaporte y amenazándole. En su tercer intento, bien planificado,
consiguió entrar vistiéndose de negro y copiando otros modus operandi
seguidos por más inmigrantes. Y así, hace un mes, consiguió entrar en la
ciudad formando parte ahora de la ristra de inmigrantes acogidos en el
CETI. Aunque con la peculiaridad de que es el único cubano. Lo que hace
es ayudar a los demás compañeros y animar los largos y tediosos días en
el Jaral enseñándoles a bailar salsa.
Una clase de salsa... en el ceti
Tres días por semana. Las clases de salsa en el CETI nacieron
aprovechando la estancia de Víctor. Él en Cuba se ganaba un dinero extra
dando clases, e incluso en su estancia en Marruecos también ganó esa
ayuda económica mostrando sus artes a quien quiera aprenderlos. Ayudado
en Tetuán por la iglesia, colaboró en la biblioteca de Martil con un
sacerdote. No le faltaba comida y cobijo y el dinero que necesitaba lo
ganaba haciendo trabajos como estas clases. Ahora en el CETI, espera la
resolución de la petición de asilo político presentada y mientras
aprovecha sus conocimientos para hacer que la vida de los inmigrantes
sea algo más animada. Sus clases son un éxito y hay subsaharianos que
han aprendido la técnica convirtiéndose en muy buenos alumnos. Incluso
algún que otro trabajador del CETI se ha apuntado gozando de un maestro
de lujo.
Alumnos. Resulta curioso cómo se resuelven las problemáticas
migratorias. Entre los alumnos de Víctor hay incluso algún camerunés de
los que el pasado verano daba cartonazos. Ahora estudian en la UNED y
aprenden a bailar.
La historia. La que representa el 'profesor de salsa' forma parte de ese
grueso de peculiaridades que se dan la mano en el CETI. Un lugar por el
que han pasado miles de inmigrantes desde su construcción y en el que se
trata de dar tranquilidad a unas vidas que arrastran periplos
complicados e historias tan curiosas como la del protagonista de hoy.
Víctor espera empezar una vida en la que la palabra libertad sea la
máxima y en la que el pensamiento, al menos, no esté secuestrado por
ningún régimen.
3 detalles de la historia
Escapada
1 - Marchar de Cuba suponía para este inmigrante una palabra: vivir.
Atrás deja una vida en la que ha pasado por cárceles sin haber cometido
delito. Se le ha acusado injustamente y cuando se ha aclarado que nada
tenía que ver con las acusaciones hechas nadie ha borrado sus
antecedentes, por lo que siempre va marcado y padeciendo la posibilidad
de volver a ser detenido. Con este panorama el trabajo que pueda
conseguirse es más bien poco. Apostó por la libertad y aunque en sus
pensamientos no aparecía la palabra Ceuta sino Italia, ahora, en el
CETI, tan sólo espera conseguir su sueño.
El único
2 - En el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, la mayoría de los
acusados son subsaharianos, habiendo una menor representatividad de
magrebíes. Entre el resto de acogidos se encuentra además una pareja de
sirios, los últimos indios del monte tras la salida de 16 las dos
semanas anteriores, algún paquistaní y Víctor, cubano. Es el único que
ha llegado al campamento por donde, años atrás, también fue acogido de
manera temporal algún miembro de la Europa del Este que quedó en Ceuta
sin papeles y se quedó aquí tras la operación feriante.
Asilo
3 - Mientras permanece acogido en el CETI, la administración estudia la
solicitud de asilo pedida por Víctor. En su caso se trata de un asunto
especial de un cubano que no puede salir de Ceuta al carecer de todos
los documentos y que reclama no volver a Cuba ya que la cárcel sería su
primer destino al haber escapado del país con un permiso temporal.
Mientras se estudia la protección que se le dará, Víctor pasa las horas
en el CETI ayudando a otros inmigrantes, devolviendo, sencillamente, las
ayudas que a él le dieron en su día. Y haciendo lo que también hizo en
Tetuán, impartir clases de salsa y echar una mano en lo que se le pida.
Una historia para recordar.
http://www.elfarodigital.es/ceuta/sociedad/44869-desde-cuba-hasta-ceuta.html
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